sábado, 6 de agosto de 2011

Una reinvención singular del psicoanálisis*. Margarita Alvarez (Barcelona)

El título de este seminario, que toma a su vez el del próximo Congreso de la AMP, parte de una afirmación cuya fórmula, “El orden simbólico ya no es lo que era”, señala un rebajamiento, una degradación del orden simbólico, para plantear seguidamente una pregunta sobre las consecuencias que esto tiene para la cura analítica. Esta pregunta implica el reconocimiento de una relación entre el orden simbólico y sus vicisitudes por un lado y la cura, por otro. Voy a tomar brevemente esta relación de manera muy concisa en la llamada primera y última enseñanza de Lacan, para tratar de responder después a la pregunta.

Del Otro al significante de la falta en el Otro
La relación entre el orden simbólico y la cura analítica está en el fundamento mismo del descubrimiento freudiano, si bien fue un lector de Freud no psicoanalista, Lévi-Strauss, quien, en 1949, se preguntó por qué la cura analítica resolvía el síntoma mediante la palabra y trató de fundamentarlo con la ayuda de la lingüística estructural. En su artículo “La eficacia simbólica” planteó que el síntoma analítico es una alteración (debido a la acción represiva de la censura sobre el deseo) del mundo simbólico del sujeto, cuyo sentido y su resolución requiere que el sujeto, a través de la transferencia con el analista, pueda reordenar su relación con el símbolo, relación que funda el mundo humano.(1)

La intervención de ese Otro es eficaz, dice Lévi-Strauss, porque tanto el instrumento con el que interviene, como el síntoma, son de naturaleza simbólica.

Estas tesis de la “La eficacia simbólica” repercutieron en el retorno a los textos de Freud que Lacan promovió durante la década de los 50, armado del concepto de estructura simbólica, y se leen con claridad en “Función y campo de la palabra…”,(2) texto fundador de la enseñanza de Lacan.

Resumiendo, el analista tiene en dicho escrito la función de garantizar la relación simbólica del sujeto con el Otro, para que a través de la palabra, de la construcción del relato de su historia, el sujeto pueda atravesar el eje imaginario y descifrar el sentido reprimido de su síntoma, antes enigmático, para poder asumir su historia, es decir, subjetivarla. Este proceso es del orden de la experiencia, simbólica, y, en cuanto tal, necesita su tiempo.

En esta teorización, vemos ponerse en serie en la experiencia analítica términos como el sujeto, el Otro simbólico, la palabra, el relato, la historia, el enigma, el descifrado, el sentido, el tiempo… El analista no puede manipular ni forzar la experiencia solo preservar sus coordenadas estructurales para que el sujeto pueda hacerla. Pero éste debe consentir a ello. Solo así el sujeto podría darse la palabra justa que levanta el síntoma y pone al sujeto en relación con su deseo inconsciente. La cura solo viene por añadidura, a resultas de esa experiencia: en tanto la realización del símbolo resuelve el síntoma, podemos decir que un análisis es terapéutico(3).

La introducción del concepto de goce y del matema del significante de la falta en el Otro, S(A/), marcarán el final de la dominancia de lo simbólico en psicoanálisis, al idilio entre ambos(4). En 1960,(5) Lacan plantea que si bien todo es estructura no todo es significante: hay el goce, no hay un significante en el Otro simbólico para nombrarlo, lo cual afecta a su regulación. La insuficiencia de lo simbólico para recubrir el campo del goce, y regularlo, introduce una devaluación de lo simbólico que se irá acentuando progresivamente en la enseñanza de Lacan, en la medida misma que la orientación del psicoanálisis hacia lo real se vuelve prevalente en la teoría y la clínica. El matema S(A/) señala un agujero en lo simbólico, una falla por la que mana el goce. No se trata tanto ya de buscar el sentido del síntoma sino de saber cómo hacer con el goce y su sinsentido. La dificultad teórica y clínica es cómo operar con la palabra sobre algo que no está simbolizado y, por tanto, no puede descifrarse.

El Otro inicia ahí una lenta andadura teórica que llevará a Lacan a plantear que “no hay relación sexual”, “hay el goce” en los años 70; en las fórmulas de la sexuación abordará los modos de goce con una nueva reformulación del Otro en términos de existencia e inexistencia lógica(6). Cada una de las figuras que de ahí resulta introduce una regulación distinta del goce, del lado del “todo” o del “notodo” lógico. Resumiendo: existe un Otro de la excepción que enunciaría la ley pero no tendría que someterse a ella, o no existe(7). En el primer caso, hay un límite claro, en el segundo no; sería una limitación más desregulada.

Psicoanálisis sólido, psicoanálisis líquido
Pensar al Otro en términos lógicos permite pensar al Otro no como un lugar en la estructura sino como una construcción que el sujeto necesita para regular el propio goce. No se trata sólo de si en un estado u otro de la civilización había un Otro que se regía por el modelo de la existencia lógica ni de si ha cambiado el régimen del Otro en la civilización: el Otro existe cuando el sujeto cree en él. La existencia del Otro es una cuestión de creencia. Y podemos definir la época de la inexistencia del Otro, que según Lacan es la nuestra, como aquella época en que ya no se cree en su existencia. Y así tenemos la incredulidad contemporánea y sus consecuencias de devaluación del Otro. ¿Qué mayor devaluación que reducir al gran Otro a una cuestión de creencia? La no creencia contemporánea tiñe de relativismo cualquier valor que toca. Y como resultado de ello, tenemos el declive del padre, de la autoridad, la ley y el pacto, la confianza en la palabra y el valor del relato, la desvalorización y el desinterés por la historia, la pérdida de la dimensión temporal a favor de la inmediatez y la instantaneidad, el desprecio o el olvido de la tradición, la degradación del saber, el desinterés por el enigma y su descifrado, la pérdida de la dimensión de la experiencia en la vida, el relativismo de la verdad…

Todos los términos que encontrábamos alineados en la primera enseñanza de Lacan en relación a la experiencia analítica aparecen ahora devaluados. Entonces, ¿qué pasa con ella? ¿Hay aún las condiciones necesarias para hablar de experiencia analítica? El término “experiencia analítica” también ha cambiado al dejar de teorizarse el psicoanálisis como una experiencia de lo simbólico y pasarlo a pensar como una experiencia de lo real.

¿Qué consecuencias para la cura analítica?
En su curso Tout le monde est fou(8), Miller retoma el término “líquido” con el que Bauman califica la sociedad actual,(9) para introducir la diferencia entre el psicoanálisis sólido y el psicoanálisis líquido. El primero correspondería a la época de la creencia del psicoanálisis en la existencia del Otro y el segundo a la época de no creencia en ella. El psicoanálisis sólido remitiría a la clínica estructural mientras que el psicoanálisis líquido, el psicoanálisis contemporáneo, requeriría de la clínica del nudo.

Se impone entonces el pasaje de una clínica a otra: de una clínica del Padre a una clínica del goce, de una clínica de lo simbólico, a una clínica de lo real, de una clínica del sujeto en su relación con el Otro simbólico a una clínica del sujeto en su relación con el cuerpo como lugar del goce, es decir del acontecimiento de cuerpo, de una clínica de la solución síntomática a una clínica del sinthome como incurable.

Esto es lo que nos enseña el pase: el Otro fantasmático es una construcción que funciona según el modo de regulación de la existencia del Otro. Pero cuando este Otro cae, el sujeto descubre que ese Otro se construye en el encuentro con el goce, o lo que es lo mismo con S (A/), es decir, con la insuficiencia de lo simbólico para nombrar, para regular el goce. Entonces no basta con que ese Otro caiga, el final de análisis no coincide con el atravesamiento del fantasma, con la caída de la solución fantasmática, porque ahí se acaba un modo de funcionamiento según la lógica del Todo, final que deja un resto, y se abre la posibilidad de hacer otra cosa con el goce, de construir algo distinto, una solución sinthomática, del lado del notodo. No se trata del determinismo sino de la contingencia del encuentro.

El pase también fluidifica el psicoanálisis –afirma Miller en el curso citado. Y la inexistencia del Otro y el psicoanálisis líquido repercuten sobre la práctica del analista y exigen que cada uno aporte su respuesta singular al psicoanálisis, que encuentre su propia manera de inventarlo y reinventarlo en cada caso, “sin ningún fatalismo”.(10)

* Presentación en el Seminario de la Escuela: El orden simbólico en el siglo XXI ya no es lo que era: ¿Qué consecuencias para la cura? Barcelona, 7 de mayo de 2011.

Bibliografía
1. C. Lévi-Strauss. “La eficacia simbólica” (1949). En: Antropología estructural. Buenos Aires: Paidós
2. J. Lacan. “Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis” (1953). En: Escritos, vol. 1. México: Siglo XXI Editores
3. J. Lacan. “Variantes de la cura tipo” (1955). En: Escritos, vol. 1, op. cit.
4. J. Lacan “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano” (1960). En: Escritos, vol. 2. México: Siglo XXI Editores, 1984.
5. J. Lacan. El Seminario, libro VII: La ética del psicoanálisis (1959-1960). Buenos Aires: Paidós, 1988.
6. J. Lacan. El Seminario, libro XX: Aún (1972-1973). Buenos Aires: Paidós, 1975.
7. Lacan construye la inexistencia del Otro en los años 70, en las fórmulas de la sexuación, que escriben la posición femenina y masculina frente al goce y, asimismo, la existencia lógica del Otro del lado masculino de las fórmulas y su inexistencia del lado femenino. Miller sustituye el argumento fálico de dichas fórmulas para aplicarlas a lo social. Ver: M. Álvarez: “Jacques Lacan, Dios y el goce femenino”. En: El psicoanálisis 7. Barcelona: ELP, 2004.
8. J.-A. Miller. Tout le monde es fou. Curso de la Orientación lacaniana 2007-2008. Departamento de Psicoanálisis Universidad Paris VIII. Inédito, clases 6-11 (enero-marzo).
9. Z. Bauman. Modernidad líquida. Buenos Aires: FCE, 2005.
10. J.-A. Miller. Tout le monde es fou, op. cit., clase 8ª, 30.1.2008.

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