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miércoles, 7 de agosto de 2013

El humor del filósofo lacaniano

POR HECTOR PAVON



Hay método en su locura... Slavoj Zizek es vehemente y apasionado por la palabra y así se lo percibe en la imagen y la voz que llega a través de una videollamada por la pantalla de la PC. Se encuentra en San Pablo donde presentó un nuevo libro sobre Hegel y va a hablar un poco en esta entrevista del libro que publicó aquí El más sublime de los histéricos (Paidós). Así es su producción intelectual: tiene más de 60 libros escritos que se multiplican y superponen alrededor del mundo en decenas de idiomas. Y eso lo hace feliz: “El mejor momento de vida siempre se relaciona con el último libro de filosofía que escribí”.
-¿Cuál es la lectura que hoy hace de este libro que escribió hace treinta años como tesis, dirigido por Jacques Alan Miller?
-Suelo ser muy crítico. Pero debo admitir que ésta es mi primera obra seria. Preferiría que todos mis libros anteriores fueran quemados. Este es el primer libro que no me disgusta. Lo que más me sorprende es lo poco que he cambiado. No me gusta que haya muchos grandes cambios. Mi último libro que acaba de aparecer en Brasil –de más de 1.000 páginas, Less than nothing– podría tener la tapa del libro del que hablamos. Siempre estoy escribiendo o editando el mismo libro.
-Heidegger, Lacan, Marx y Hegel señalan el origen de su filosofía. ¿Cómo armó esa constelación?
-Tenía 21 años cuando escribí mi primer libro que fue sobre Heidegger y el lenguaje. Había dos grandes orientaciones en Eslovenia: la filosofía oficial, dominante, es decir, el marxismo y la Escuela de Frankfurt. Y la otra, no oficial, la de los heideggerianos. Yo estaba más o menos con ellos, luego explotó el pensamiento francés: Foucault, Lacan, Althusser. Y nuestra joven generación quedó inmediatamente fascinada con ellos, porque este pensamiento francés fue atacado brutalmente por las dos orientaciones en Eslovenia. Y esto nos intrigó: cómo podía ser que los enemigos oficiales, los heideggerianos, y los marxistas, hablasen el mismo idioma contra su enemigo común. Estuvimos oscilando: un poco de Lacan, Derrida, Foucault, Althusser, Deleuze. Y luego nos volvimos lacanianos, pero todo esto fue a través de Hegel. Su universo fue nuestra experiencia formativa.
-¿Conoció en persona a Jacques Lacan?
-Sí. Pero estoy completamente seguro de que él nunca me conoció. Hablé con él dos veces cuando estaba estudiando en París, con Jacques Miller. Conocí a algunas personas que en aquel momento se analizaban con Lacan y que me contaron que estaban seguros de que Lacan, ya senil, ni siquiera los escuchaba mientras se psicoanalizaban con él, que Lacan no sabía quiénes eran. Miller nos presentó, pero estoy convencido de que Lacan no supo quién era yo.
-¿Y hoy está en contacto con Miller?
-Lamentablemente no. Gracias a él comprendí a Lacan. A comienzos de los 80 fui admitido a un seminario suyo. Miller tenía la habilidad mágica de “traducirnos” a Lacan. Creo que a Miller le interesaba más expandir su parte clínica y quería que yo volviese a Eslovenia e iniciase clínicas lacanianas pero yo no quise. Aunque me considero demasiado loco, la sola idea de ser un psicoanalista me parecía una locura. Lo que lamentablemente sucedió es que él se movió hacia la centroderecha liberal y escribe columnas en dos medios de la centroderecha francesa: Le Figaro y Le Point.
-En el documental “Zizek!” usted dice: “no queremos realmente lo que pensamos que deseamos...” 
-Es la lección básica de Lacan. Lo que deseás no es generalmente lo que querés. El tema es que a menudo, cuando obtenés demasiado de lo que pensás que deseás, el resultado puede ser el horror. El psicoanálisis hace algo que puede parecer simple: te confronta sin excusas con lo que efectivamente deseás. Es horrible de asumir. Nuestra posición natural es la hipocresía: deseamos algo pero preferimos no tener lo que queremos. Un ejemplo político brutal: hoy está de moda decir que la gente quiere tener voz, participar en política. No. La mayoría, no. Esto es lo problemático cuando se dice: “Necesitamos una ciudadanía más activa”. Que la gente debe participar en las decisiones, en reuniones, en sus comunidades locales, etcétera. No es así, salvo en situaciones de emergencia, en estos hermosos momentos de revueltas y demás. Pero en el largo plazo, lo que la gente quiere es un orden público, organización estatal, que las cosas funcionen y me permitan hacer bien mi trabajo. No me gusta este casi superyoico terror de ser un ciudadano activo, que participa todo el tiempo. No funciona de ese modo.
-¿Y cuál es el lugar de la ética en este contexto? Algunos plantean que debe ser repensada...
-Los problemas que estamos confrontando no pueden ser respondidos por ningún sistema ético tradicional, antiguo. Tampoco la religión ni la ética secular estándar. Lo que sabemos por la biogenética o las ciencias cognitivas sobre nuestro cerebro es que hay increíbles posibilidades de conexiones cerebrales a computadoras y demás. Se podría cambiar genéticamente nuestros niños, nuestro ADN, no hay reglas claras en esto. Lo más significativo de esta confusión fue que Jürgen Habermas, el más alto representante de la izquierda liberal secular alemana, y el entonces cardenal Joseph Ratzinger escribieron juntos un pequeño volumen contra la amenaza de la biogenética. Ellos, grandes oponentes, bregaban por poner límites. No es una respuesta suficiente. Me parece que vivimos un momento de crisis ética, pero no me refiero a la queja habitual conservadora de la pérdida de valores. Me refiero a que estos valores están en crisis desde sus cimientos. Vivimos tiempos muy abiertos e interesantes.
-Y en el cruce de psicoanálisis y filosofía, ¿qué elige, la vida real o la ficción?
-Según Lacan, a veces la ficción es más real que la vida real. A veces lo que es excluido o reprimido de nuestra realidad se formula más tarde disfrazada de ficción. Por eso me gusta la ciencia ficción porque podemos ubicar cosas que no podemos confrontar directamente en la realidad. Por ejemplo: Lincoln de Spielberg. Una película de la mitología liberal oficial donde Lincoln aparece como el maestro ejecutor de las maniobras necesarias. Pero, antes apareció Lincoln: cazador de vampiros, un filme de terror absolutamente loco en el que se cuenta que los verdaderos enemigos de Lincoln eran los vampiros que apoyaban a la Confederación de estados del Sur, que les proveían la sangre que necesitaban, de los negros y los muertos. Lincoln lo sabía y por eso en la batalla de Gettysburg utilizó balas de plata, porque entre los combatientes sureños había vampiros. Toda la violencia, la lucha para terminar con la esclavitud, llamémosla lucha de clases, está ausente en la película oficialista de Spielberg y se recrea, en una película de ficción.
-Hay una pregunta conocida de Freud: “¿Qué es una mujer?”. Actualicemos esta inquietud por: ¿Qué es un hombre?
-Estoy tentado a decir que la lección más profunda de Lacan es que la mujer está en una posición ontológica más fundamental. Que la subjetividad está en su nivel más fundamental femenino. Y que el hombre es una reacción a la mujer, el hombre viene en segundo lugar. En esto, Lacan dio vuelta la Biblia, que primero habla de Adán y la condena de la diferencia sexual y luego de la mujer. El hombre viene en segundo lugar, es una especie de ello para la mujer. Porque, otra vez, esta inconsistencia pura de ser sujeto del orden simbólico, que Lacan habría llamado “el no-todo”. El hombre, entonces, es un intento a través de un significante fálico para totalizar esto, y así sucesivamente. Hace poco leí un libro sobre Corea del Norte donde la autora demuestra cómo el régimen norcoreano no sería un régimen autoritario machista sino que es profundamente no feminista, pero sí maternal donde la propaganda del partido es la de una madre de masas, todas las metáforas del poder son maternales. Hay canciones que dicen cosas como que el partido es la madre de la gente y que la gente sólo podrá sobrevivir si toman la leche del partido madre: “nunca abandonaremos tu seno materno, madre partido”.
-Ha asustado a los europeos cuando escribió: “El futuro de la democracia es Berlusconi...” 
-Exageré un poco pero señalé algo muy triste. Sólo Europa y un poco EE.UU. se encuentran en crisis; América Latina está progresando rápidamente; Africa subsahariana está progresando; Malasia; Polonia. China, Singapur, Taiwán, tienen un progreso explosivo. En todo el planeta, al capitalismo le está yendo mejor que nunca. ¿Pero qué es lo que está en crisis? El matrimonio interno entre el capitalismo y democracia se está desintegrando. Lo que está apareciendo hoy es una nueva forma de capitalismo, pero que ya no necesita a la democracia en el sentido europeo. Fijate en China: los viejos comunistas totalitarios hoy parecen ser los mejores administradores del nuevo capitalismo. Y, lo de Berlusconi fue una señal de cómo, lento pero seguro, la misma tendencia autoritaria, aunque se mantenga la democracia, la misma irrelevancia gradual de la democracia está creciendo también en algunos países de Europa. Si entráramos en un mundo que deje de ser ideológicamente europeo, entonces quizá tengamos una sociedad mucho más autoritaria.
-Usted criticó movimientos como “Occupy Wall Street”. ¿Le parece posible que surja algo nuevo de esta crisis?
-Sí, claro. Hasta escribí un libro The year of dreaming dangerously. Estuve, por supuesto, a favor de “Occupy Wall Street”, pero enfaticé que era un gesto negativo. La importancia de “Occupy, Wall Street” fue que mostraban que había algo mal más allá de nuestro sistema económico. Y, además, la democracia en su forma actual, la democracia multipartidaria institucional no es suficiente para lidiar con estos problemas. Lo principal es que al menos en algunos países europeos hay situaciones protorrevolucionarias. Sin embargo, no hay movimiento que podría redireccionar esta profunda y agresiva insatisfacción hacia una dirección política mínimamente positiva. Si se les pregunta a los manifestantes qué es lo que quieren, todo lo que recibís como respuesta es “queremos más dinero para salvar a la gente, más gente que ahorre dinero, más justicia, una vida digna”. Pero si les preguntás a los manifestantes: “Ok, pero ¿qué quieren, más específicamente? ¿Un capitalismo más keynesiano? ¿Más moderno?, inmediatamente recibís respuestas confusas. Me parece que el verdadero perdedor en esta crisis es la izquierda radical. En Grecia hay un movimiento griego muy bien organizado, ¿qué ocurre si ganan las próximas elecciones? La mayoría quiere formar un gobierno de coalición nacional aun con gente cercana a la democracia para salvar al país. La mayoría persigue esta línea pura de no compromiso. Entonces el problema subsiste. El problema de la izquierda que simplemente no puede formular un gran proyecto. Ahora bien, por supuesto, la respuesta obvia habría sido “Quizás no podemos formular semejante proyecto. Tal vez debamos seguir modestos, pragmáticos y realistas, y simplemente tratar de cambiar el sistema gradualmente: más cuidado de la salud, más política ambiental, y demás”. Por otro lado, China, India y otros países continúen desarrollándose así, la humanidad entera no puede convertirse en consumidora como los países altamente desarrollados. Hay un límite ecológico. El capital trata desesperadamente de encontrar formas de prolongar esta etapa de lo privado, por no hablar de nuevas formas de apartheid, de los problemas que plantea la biogenética. Por eso, si no hacemos algo, si no hay una suerte de acción colectiva, pienso que, si las cosas siguen igual que ahora, nos estaremos acercando a una triste sociedad autoritaria, con apartheid, privilegios para algunos y otros males.
-¿Los filósofos tienen humor?
-Pienso que todos los filósofos dialécticos saben cómo tener humor. Hegel está lleno de bromas, hasta de bromas cínicas, si se quiere. Heidegger es un caso interesante porque es el único filósofo en cuya obra entera no encontrás ni una sola broma. Conozco a Heidegger muy bien, pero, para asegurarme, suelo preguntarles a amigos míos que son heideggerianos fanáticos si recuerdan algún chiste. Y aquí viene la ironía. El único lugar que conozco donde Heidegger formula algo como una broma es en una carta a un psiquiatra suizo que lo estaba tratando, Medard Boss. En esa carta, Heidegger le informa a su amigo suizo sobre su visita a Lacan a fines de los años 50. Y dice que Lacan le parecía un buen psiquiatra que a su vez... necesitaba de un buen psiquiatra. Es el único comentario irónico que le conozco a Heidegger.


viernes, 11 de enero de 2013

De Freud a Lacan, la cuestión femenina

De Freud a Lacan, la cuestión femenina 


Lacan rechaza toda hipótesis concerniente a la existencia de

una libido específicamente femenina, de un inconsciente femenino, de una escritura femenina, etc... ( cito a

Luce Irigaray, cuya obra es la mas conocida). Lacan elabora entonces una versión -lógica y topológica-

para situar esa especificidad de la “posición femenina” sin abandonar por ello la referencia a la concepción

universal de un sujeto del inconsciente determinado por la castración (función fálica). A diferencia de Freud

–afirmará-- no “obligo” a las mujeres a tomar la única vía de la solución fálica”, comento así muy
brevemente una complicada cita de su texto L’Etourdit. Si hubiera una “especificidad” de lo femenino --es lo
que intentaban sostener las feministas “de la diferencia”-- debe situarse en un “más allá” de la función fálica
--pero no sin referencia a ella--, en una posición en la que el goce del sujeto que ha optado (hay en efecto
“elección sexual”...) por esa “posición femenina” --sea identificado anatómicamente y/o socialmente como
hombre o mujer, lo cual no es una “identificación” sin consecuencias-- no está totalmente organizada por la
lógica fálica, especificidad de la “posición femenina” que consiste en acceder a una modalidad de goce otro
que el goce fálico, apertura de un goce no del todo fálico, un goce suplementario al goce fálico, aclara
Lacan. No se trata pues en esa posibilidad del uno o del otro.
La delimitación de ese campo del goce sexual distribuido en el campo de lo sexual en un goce totalmente
fálico y en un goce no del todo fálico, permiten nuevas elaboraciones de la disyunciones de las que hemos
hablado y la configuración de una nueva clínica en lo que concierne a las formas de anudamiento del
deseo, del amor y del goce.
En todo caso, deja abierta para las mujeres la “libertad” de situarse de otra manera que la que Freud prescribía (con cuidado sin duda) como siendo la “normal”, vale decir la solución por el goce fálico de la
maternidad. Y si Freud había hablado de tres destinos de la sexualidad femenina: la anestesia sexual, la
elección masculina, y la que para él era la propiamente femenina... con su bien conocido aforismo “La mujer
no existe”, Lacan opta por dejar en el uno por uno de cada una, la elección de su modalidad de goce.
Abandona así el intento de construir una categoría universal de LA mujer, punto al que arribarán por otra
parte gran parte de los movimientos feministas.

Extraido del Texto:De Freud a Lacan, la cuestión femenina
Rithée Cevasco .

jueves, 22 de noviembre de 2007

Transferencia y pulsión

Por: María Rosa Laborato

(*) Seminario de la EFBA "Pulsión", Clase del 4/10/2001

Voy a volver a repetirme, quizás porque si de la relación entre transferencia y pulsión se trata, la repetición es inevitable. Por un lado porque en las clases anteriores me guié por dos frases de Lacan en el inicio pero por otro porque estas dos frases ya las había recortado para un trabajo leído en unas jornadas y me siguen pareciendo brillantes, en tanto y en cuanto el brillo reclama toda nuestra atención.

Ambas frases son de la página 120 del Seminario 3, el de "Las psicosis". La primera dice así: "Ser psicoanalista es, sencillamente, abrir los ojos ante la evidencia de que nada es más disparatado que la realidad humana." y la segunda: "Si por una suerte extraña atravesamos la vida encontrándonos solamente con gente desdichada, no es accidental, no es porque pudiese ser de otro modo. Uno piensa que la gente feliz debe estar en algún lado. Pues bien, si no se quitan eso de la cabeza, es que no han entendido nada del psicoanálisis".

Si subrayo esto que dice Lacan con una aparente sencillez, que no es la que caracteriza a su discurso precisamente, y que tampoco es tal si reflexionamos sobre la posición del analista, es porque pensar la práctica clínica desde la teoría y la teoría desde la práctica clínica conforman una dialéctica en permanente tensión y algo de esta tensión es lo que proponen tanto el concepto de pulsión como el de transferencia.

Lacan en "La dirección de la cura y los principios de su poder" señala la degradación del psicoanálisis después de Freud y cómo ésta tensión se diluyó en pos de la comodidad que ofrece el reforzamiento del Yo y el lugar, concordante con este reforzamiento por parte del analista, que es el del Saber acerca de la felicidad del paciente. Desarrollaremos esto un poco más adelante.

Propongo al pasar que también se conocen algunas de las deformaciones en que ha caído el legado de Lacan. Por ejemplo se ha llevado al límite del absurdo su formulación de no dirigir al paciente y no responder a su demanda, a través de silencios absolutos en las entrevistas que lo único que hacían era dejar al paciente sumido en la angustia.

O a nivel de la teoría el mal que nos aqueja es el del sobreentendido, como Lacan se interiorizaba en otras disciplinas y las ponía a disposición de la suya, hoy la exigencia colectiva es que todos tenemos que saber todo y leer todo, a su manera. No digo que esté mal saber todo lo que se pueda, siempre y cuando se respeten las propias marcas y el propio estilo del analista.

Sintetizando esta introducción, podemos considerar como inevitablemente humana la tendencia a la globalización del psicoanálisis, por el malestar inherente a la incertidumbre que conllevan su práctica y su teoría, ya que el sujeto deseante no es algo que esté definido antes de un análisis sino que se va construyendo en el mismo. El del inconsciente no es un saber clausurado, ni completo, como dijera Machado "se hace camino al andar".

Como ya se han ocupado de explicitar mis compañeros de cartel en cada una de sus clases, la de hoy tiene que ver con mi lectura particular de los textos de Lacan. Esto que les voy a decir es nuevo para mí, ya que lo fui pensando mientras preparaba la clase. De paso les hago publicidad a futuro en relación a lo que puede implicar preparar una clase o un escrito: lo bueno de la enseñanza es que en principio es enseñanza para el que enseña; tomo enseñar en la acepción de mostrar, indicar una dirección posible.

Entonces, para entrar en tema, voy a empezar con el mito, un tema que Elsa ya ha desarrollado en relación a la frase de Lacan que aparece en "La significación del falo": "las pulsiones son nuestros mitos" y que en "La dirección de la cura .....", esta vinculación entre mito y pulsión, va a ser tomada desde otro ángulo.

El bebé en el mejor de los casos, una vez que se sabe de su llegada, empieza a tener su lugar dentro de la historia que lo antecede o sea dentro del mito familiar. Estas expectativas acerca del futuro hijo son las que por un lado lo van a alienar pero a su vez le van a permitir la separación. Sabemos también que cuando en el mito no hay lugar para el hijo en el deseo de la madre, nos encontramos ante las psicosis. En cuanto a los bebés, recuerden las primeras clases de Elsa.

Así nos recuerda Lacan que el "Hombre de las ratas" llamado así por Freud en razón de la insistencia significante, viene a introducirse en un mito familiar que se establece a partir de lo pactado entre sus padres, que se traduce en la equivalencia: "tantos florines, tantas ratas".

O sea que la madre ofrece su capital, los florines, mientras que el padre (obedeciendo a su vez a su padre), se casa con ella aunque en realidad a la que amaba era a una mujer pobre y lo que puede ofrecer a cambio de los florines es la posibilidad de darle hijos o sea las ratas, de acuerdo a los significantes del analizante. El hijo ocupando el lugar del pago de una deuda del padre va a regir todo el historial de Freud y el relato por parte de un capitán cruel acerca de la tortura con la introducción de ratas por el ano, es lo que lo hace consultar con Freud y entrar fuertemente en la transferencia.

Por un lado recordemos la sentencia del padre ante el descontrol del hijo, escena en la que le predice que será un gran hombre o un gran criminal. Por su parte leamos a la letra el historial de Freud "....al final de esta segunda sesión el sujeto se conducía como aturdido y enajenado, llamándome repetidamente "mi capitán", sin duda porque al principio de la sesión le había dicho que yo no era un hombre cruel como el capitán de su historia...." (pag. 1448, Tomo II, O. Completas).

Freud tranquiliza al sujeto como un buen padre, obstáculo que siempre aparece en la dirección de la cura de sus historiales, le dice que él no es el capitán cruel y obtura a mi entender el despliegue de esa crueldad de rata que se le impone al sujeto. Por su propia subjetividad, Freud no puede leer lo que de pulsional aparece tras la demanda del paciente, lo tranquiliza como el amigo al que el analizante siempre recurría para que le aseverara que no era un asesino, responde a su demanda de amor. Lacan en "La dirección de la cura...... " sugiere que dicha dirección no estaría desligada de la muerte del sujeto en la guerra.

Entonces, la relación entre el mito familiar que precede a la aparición del sujeto no es sin consecuencias en el nacimiento de la pulsión, en ese cuerpo que ya desde su lugar de embrión es tocado; metafóricamente hablando; envuelto, bañado, como más les guste, por los significantes.

Es así que este mito tendrá influencia en el armado del fantasma fundamental del discurso de un sujeto y su repetición pulsional en la búsqueda del objeto. Recuerden lo que veíamos en Freud acerca de la compulsión a la repetición y que él llamaba "neurosis de destino".

Lacan dice, criticando al modo de operatoria de su época en la cual se reforzaba el yo y se adaptaba al sujeto a la realidad, que Freud "empieza por introducir al paciente a una primera ubicación de su posición en lo real, aunque ello hubiese de arrastrar una precipitación, ......una sistematización de los síntomas".

No se trata de adaptar al sujeto a la realidad, sino de mostrarle que está bien adaptado, "puesto que concurre a su fabricación". Es decir que lo sitúa al sujeto como escenógrafo, como director de su propio destino. Entonces según Lacan nos encontramos con: ".....una dirección de la cura que se ordena,..... según un proceso que va de la rectificación de las relaciones del sujeto con lo real, hasta el desarrollo de la transferencia, y luego a la interpretación, donde se sitúa el horizonte en el que se entregaron a Freud los descubrimientos fundamentales ......" (pág. 578 "La dirección de la cura.....").

Pero para que se produzca este ordenamiento, el analista también tiene que pagar, no sólo lo hace el paciente. Fíjense cómo lo dice Lacan: "....en el depósito de fondos de la empresa común, el paciente no es el único con sus dificultades que pone toda la cuota. El analista también debe pagar: "paga con sus palabras "si la transmutación que sufren por la operación analítica las eleva a su efecto de interpretación"; paga con su persona, en cuanto que "la presta como soporte" de la transferencia y paga con su ser, "con lo que hay de esencial en su juicio más íntimo". El analista, entonces, intervendrá desde los registros Simbólico, Imaginario y Real. Siendo su lugar de semblante del objeto "a" como causa del deseo, el horizonte que debe guiar sus intervenciones. Lo que cuestiona Lacan en relación a lo que sucedía en su época, es que se pensaba la transferencia en función de lo que le ocurría al sujeto con la persona del analista, por lo que éste no caía del lugar del Sujeto Supuesto Saber sino que era el saber mismo y en el final del análisis lo único que cabía dentro de esta lógica era la identificación con el analista.

Es decir que mientras Freud y Lacan ponen al sujeto como protagonista de un análisis y al analista como aquel que mediante una operación dialéctica le devuelve su propio discurso teniendo como horizonte el deseo, los post-freudianos cambian el eje del tratamiento y el analista pasa a ser el protagonista y todo decir del sujeto se interpreta en relación a éste y no al deseo del sujeto.

Lacan refiriéndose a Freud dice que como él sabía que el analizante no se refería a su persona, hacía que el sujeto se acostara en el diván. Recordemos cuando las histéricas se le abalanzan a Freud, él en forma humorística se cuestiona su belleza y va más allá de la incomodidad de la escena y de lo halagador que podía ser eso para su narcisismo.

Con el fin de establecer un cierto orden en el tema de la transferencia sabemos que un sujeto consulta porque hay algo que no funciona bien y cree que el analista es quien va a saber lo que le pasa, el analista en un principio va a funcionar como el Sujeto Supuesto Saber, entonces como analistas le decimos que hable. En el límite, en el tope de la cadena significante es donde se va a hacer presente lo Real, el objeto "a" o sea lo pulsional detrás de la demanda y el analista ahí va a tener que hacer semblante de este objeto para que se resitúe en la cadena significante a nivel del deseo. Después lo voy a intentar ejemplificar con un caso clínico.

Volvamos a lo que rescata Lacan de Freud en cuanto a que no hace uso de la sugestión porque hacer uso de la misma hubiera sido hacer uso de su poder, él no lo toma este poder que le otorga el analizante para que tome todo su valor la transferencia. Lacan va a decir en "La dirección de la cura...." que el sujeto lo que ha hecho toda su vida es demandar y que él lo que va a hacer es no responder, callarse para preservar en sus análisis lo indecible. Ya que toda respuesta a la demanda reduce la transferencia a la sugestión.

Por un lado refiere que es él quien le ha ofrecido hablar y que con su oferta ha creado demanda y además aclara que en la supuesta asociación libre no hay tal libertad porque desemboca en la posibilidad de decir algo que podría ser verdad y nada es más temible que esto. "Así el analista, va a decir Lacan, es aquel que apoya la demanda, no como suele decirse para frustrar al sujeto, sino para que reaparezcan los significantes en que su frustración está retenida" (pág. 598).

El "analista tiene que vérselas sucesivamente con todas las articulaciones de la demanda del sujeto" pero sólo puede responder desde "la posición de la transferencia". "Es pues gracias a lo que el sujeto atribuye de ser (de ser que sea en otra parte) al analista, como es posible que una interpretación regrese al lugar desde donde puede tener alcance sobre la distribución de las respuestas." (pág. 571).

Traducido esto último quiere decir que primero tiene que haber transferencia para que después pueda haber interpretación. Todo el trabajo del análisis es dialéctico parte de los decires del sujeto para regresar a ellos, por esto mismo la validez de una interpretación no tiene que ver con la confirmación por parte del sujeto, sino con el material que irá surgiendo a partir de ella.

La interpretación nos va a decir Lacan en este escrito tiene una "ambigüedad intencional", es a la vez cierre y apertura por su carácter incompleto que sólo se "realiza a posteriori". La interpretación apunta al deseo porque es hacia el deseo adonde se dirige al sujeto en la cura. En el capítulo "Presencia del analista" del Seminario 11, Lacan va a decir que el concepto de inconsciente no puede ser separado de la presencia del analista.

En la sucesión de los significantes es donde el deseo se hace presente, entre dos significantes como decía Marcelo la vez pasada es donde el sujeto del inconsciente se hace presente, pero en tanto el deseo se presenta en la cadena significante de un modo evanescente, se muestra o se abre y se vuelve a cerrar u ocultar hay un goce que se pierde. Este goce tiene que ver con los significantes del Otro y con ocupar el lugar de objeto para tapar la falta del Otro, para no ver la castración del Otro. El analista va a ser testigo de esta pérdida.

Entonces, en relación al lugar de objeto por parte del analista, Lacan en "La dirección de la cura....." plantea algo en relación a la teoría vigente en su época que ahora nos hace reír, el hecho de que poder oler a su analista se considerara como un feliz éxito de la transferencia para un sujeto. Y también nos provoca una sonrisa considerar la posibilidad de llegar a la felicidad a partir del acceso a un carácter genital en el que las pulsiones son "verdaderamente tiernas, amantes".

O sea que podríamos decir que para alcanzar la supuesta felicidad el costo era sintetizar todo en el Yo que permanecería "independiente de sus objetos", sin ser afectada su estabilidad por la "pérdida de un Objeto significativo". Recuerden lo que planteaba Marcelo en la clase anterior en relación a que el análisis no tiende al ascetismo, al hecho de estar lejos de los objetos. Pero esta manera de pensar la clínica por parte de los post-freudianos es consecuente del reforzamiento del Yo al que se sumaba por introyección el analista, el resultado final era el narcisismo de un Superman que no perdía su estabilidad por nada, lo cual es forzar la clínica hasta el absurdo.

Además sería establecer a través de la asunción de un "carácter genital" que el fin de todo análisis es el amor, o sea que queda reducido a un fin imaginario, contradiciendo la realidad de la pulsión que es parcial. Volvamos al Seminario 11, al capítulo "En ti más que tú" y a aquello que veíamos en la clase de Claudia que toda demanda es demanda de amor.

El amor es un efecto de transferencia pero también es lo que hace que el sujeto se cierre al efecto de la interpretación o sea que es simultáneamente el motor y el obstáculo en la dirección de la cura. Recordemos sin embargo en lo que traía Claudia que Freud en "Las pulsiones y sus destinos" habla del amor.

El engaño que postula el amor es aquel mediante el cual el sujeto se hace un objeto amable. Es desde un punto ideal (I), que está en el Otro, "desde donde el Otro me ve tal como me gusta que me vean." Pero si el analista se sustrae a esta demanda allí va a aparecer el objeto de la pulsión que está detrás de la demanda. Lacan va a formular así lo que el analizante le propone al analista: "Te amo, pero porque inexplicablemente amo en ti algo más que tú, el objeto a minúscula, te mutilo".

El "mecanismo fundamental de la operación analítica es el mantenimiento de la distancia entre I y a" o sea "la distancia entre el punto donde el sujeto se ve a sí mismo amable y ese otro punto donde el sujeto es causado como falta por el objeto a". Es en ese punto de falta donde tiene que "reconocerse el sujeto".

Es en esa división subjetiva donde se encuentra su verdad. El análisis "se adentra en la falta central donde el sujeto se experimenta como deseo". (pag. 274). Al deseo se lo puede leer en la letra del analizante y en todo el Seminario de "La ética del psicoanálisis" Lacan se encarga de establecer que apostar al deseo no tiene nada que ver con hacer el bien, con el amor al prójimo.

Podríamos decir que para que aparezca el deseo se tiene que poder soportar la castración del Otro y no soportar o sostener al Otro desde el lugar de objeto. Esta pérdida de goce en la medida en que se despliega la cadena significante es "sin compensación, sin ningún saldo a favor, salvo el ser retomada en la función de la pulsación", acá es donde interviene el analista como semblante del objeto "a", causa del deseo.

Habrán visto que la distancia entre I y "a" que propone Lacan a seguir por un análisis la toma de Freud, cuando habla de la identificación en "Psicología de las masas y análisis del yo". Freud sabía acerca de la hipnosis, sin embargo va más allá y Lacan le rinde un homenaje al final de "La dirección de la cura...." al decir que era un "Hombre de deseo, de un deseo al que siguió contra su voluntad....."

Bueno, ahí es donde se encuentra el deseo del analista, en la búsqueda de la verdad superando toda comodidad. Lo que les decía al principio del malestar que conlleva el psicoanálisis pero actuar en conformidad con el deseo tiene la ventaja de renunciar al poder. Lacan termina "La dirección de la cura...." jugando con el ser y la nada. La otra vez leía a Cortázar quien decía también jugando que Adán es Nada al revés.

En el resto de la clase se trabaja un recorte clínico con el fin de ejemplificar la teoría que elijo no publicar.


Fuente: efba

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