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lunes, 21 de octubre de 2013

Amamos a aquel que responde a nuestra pregunta: ¿Quién soy yo?


"Amamos a aquel que responde a nuestra pregunta: 
¿Quién soy yo?" 
Entrevista a Jacques-Alain Miller.
Por
Hanna Waar 


 "Hijo espiritual" de Jacques Lacan, Jacques-Alain Miller explora a su vez la cuestión del amor que el padre del pensamiento psicoanalítico contemporáneo evocaba en 1973 en uno de sus más famosos seminarios: "Aún", en El Seminario, vol XX 
(Seuil, "Essais", 1999). 

Es el fundador de la Escuela de la Causa Freudiana. 
Ultima obra aparecida: Le secret des dieux (Navarin editores, 2005). 

"Amamos a la persona que protege, o una imagen narcisista de uno mismo". 
"El amor se dirige a aquel que, pensamos, conoce nuestra verdad y nos ayuda a encontrarla soportable", 
 Jacques-Alain Miller. 

Mirada de un psicoanalista sobre esta cuestión fundamental. 

-Hanna Waar: ¿El psicoanálisis enseña algo sobre el amor? 

-Jacques-Alain Miller: Mucho, pues es una experiencia cuyo resorte es el amor. Se trata de ese amor automático, y a menudo inconsciente, que el analizante dirige al analista, y que se llama la transferencia. Es un amor artificial, pero de la misma estofa que el amor verdadero. Saca a la luz su mecánica: el amor se dirige a aquel que usted piensa que conoce vuestra verdad verdadera. Pero el amor permite imaginar que esta verdad será amable, agradable, mientras que de hecho es muy difícil de soportar. 

-H.W.: ¿Entonces, qué es verdaderamente amar? 

-J-A.M.: Amar verdaderamente a alguien es creer que amándolo, se accederá a una verdad sobre sí mismo. Amamos a aquel o a aquella que esconde la respuesta, o una respuesta a nuestra pregunta: "¿Quién soy yo?" 

-H.W.: ¿Por qué algunos saben amar y otros no? 

-J-A.M.: Algunos saben provocar el amor en el otro, los serial lovers, si puedo decirlo, hombres y mujeres. Saben qué botones apretar para hacerse amar. Pero ellos no aman necesariamente, juegan más bien al gato y al ratón con sus presas. Para amar, hay que confesar su falta, y reconocer que se necesita al otro, que le falta. Aquellos que creen estar completos solos, o quieren estarlo, no saben amar. Y a veces, lo constatan dolorosamente. Manipulan, tiran de los hilos, pero no conocen del amor ni el riesgo ni las delicias. 

-H.W.: "Estar completo solo": sólo un hombre puede creer eso… 

-J-A.M.: ¡Bien dicho! Amar, decía Lacan es dar lo que no se tiene. Lo que quiere decir: amar es reconocer su falta y darla al otro, ubicarla en el otro. No es dar lo que se posee, bienes, regalos. Es dar algo que no se posee, que va más allá de sí mismo. Para eso, hay que asumir su falta, su "castración", como decía Freud. Y esto, es esencialmente femenino. Sólo se ama verdaderamente a partir de una posición femenina. Amar feminiza. Por eso el amor es siempre un poco cómico en un hombre. Pero si se deja intimidar por el ridículo, es que en realidad, no está muy seguro de su virilidad. 

-H.W.: ¿Sería más difícil amar para los hombres? 

-J-A.M.: ¡Oh sí! Incluso un hombre enamorado tiene retornos de orgullo, lo asalta la agresividad contra el objeto de su amor, porque este amor lo pone en una posición de incompletud, de dependencia. Por ello puede desear a mujeres que no ama, para reencontrar la posición viril que él pone en suspenso cuando ama. Freud llama a este principio la "degradación de la vida amorosa" en el hombre: la escisión del amor y del deseo. 

-H.W.: ¿Y en las mujeres? 

-J-A.M.: Es menos habitual. En el caso más frecuente, hay desdoblamiento del partenaire masculino. De un lado, está el amante que las hace gozar y que desean, pero está también el hombre del amor, que está feminizado, profundamente castrado. Sólo que no es la anatomía la que comanda: hay mujeres que adoptan una posición masculina, incluso las hay cada vez más. Un hombre para el amor, en la casa, y hombres para el goce, que se encuentran en Internet, en la calle, o en el tren… 

-H.W.: ¿Por qué cada vez más? 

-J-A.M.: Los estereotipos socioculturales de la feminidad y de la virilidad están en plena mutación. Los hombres son invitados a alojar sus emociones, a amar, a feminizarse. Las mujeres conocen, por el contrario, un cierto "empuje al hombre": en nombre de la igualdad jurídica, se ven conducidas a repetir "yo también". Al mismo tiempo, los homosexuales reivindican los derechos y los símbolos de los héteros, como el matrimonio y la filiación. De allí que hay una gran inestabilidad de los roles, una fluidez generalizada del teatro del amor, que contrasta con la fijeza de antaño. El amor se vuelve "líquido", constata el sociólogo Zygmunt Bauman[1]. Cada uno es conducido a inventar su propio "estilo de vida", y a asumir su modo de gozar y de amar. Los escenarios tradicionales caen en lento desuso. La presión social para adecuarse a ello no ha desaparecido, pero es baja. 

-H.W.: "El amor siempre es recíproco", decía Lacan. ¿Aún es verdadero en el contexto actual? ¿Qué significa eso? 

-J-A.M.: Se repite esta frase sin comprenderla, o se la comprende de través. No quiere decir que basta con amar a alguien para que él lo ame. Eso sería absurdo. Quiere decir: "Si yo te amo, es que tú eres amable. Soy yo quien ama, pero tú, tú también estas implicado, puesto que hay en ti algo que hace que te ame. Es recíproco porque hay un ir y venir: el amor que tengo por ti es el efecto de retorno de la causa de amor que tú eres para mí. Por lo tanto, algo tú tienes que ver. Mi amor por ti no es sólo asunto mío, sino también tuyo. Mi amor dice algo de ti que quizá tú mismo no conozcas." Esto no asegura en absoluto que al amor de uno responderá el amor del otro: cuando eso se produce siempre es del orden del milagro, no se puede calcular por anticipado. 

-H.W.: No se encuentra a su cada uno o a su cada una por azar. ¿Por qué él? ¿Por qué ella? 

-J-A.M.: Existe lo que Freud llama Liebsbedingung, la condición de amor, la causa del deseo. Es un rasgo particular –o un conjunto de rasgos- que tiene en cada uno una función determinante en la elección amorosa. Esto escapa totalmente a las neurociencias, porque es propio de cada uno, tiene que ver con la historia singular e íntima. Rasgos a veces ínfimos están en juego. Freud, por ejemplo, había señalado como causa del deseo en uno de sus pacientes ¡un brillo de luz en la nariz de una mujer! 

-H.W.: Nos es difícil creer en un amor fundado sobre esas naderías. 

-J-A.M.: La realidad del inconsciente supera a la ficción. Usted no tiene idea de todo lo que se funda, en la vida humana, y especialmente en el amor, en bagatelas, cabezas de alfiler, "divinos detalles". Es verdad que es sobretodo en el macho que encontramos tales causas del deseo, que son como fetiches cuya presencia es indispensable para desencadenar el proceso amoroso. Particularidades nimias, que recuerdan al padre, la madre, el hermano, la hermana, tal personaje de la infancia, juegan también su papel en la elección amorosa de las mujeres. Pero la forma femenina del amor es más erotómana que fetichista: quieren ser amadas, y el interés, el amor que se les manifiesta, o que suponen en el otro, es a menudo una condición sine qua non para desencadenar su amor, o al menos su consentimiento. El fenómeno está en la base de la conquista masculina. 

-H.W.: ¿Usted no le adjudica ningún papel a los fantasmas? 

-J-A.M.: En las mujeres, sean concientes o inconscientes, son determinantes para la posición de goce, más que para la elección amorosa. Y es a la inversa para los hombres. Por ejemplo, ocurre que una mujer no pueda obtener el goce – digamos el orgasmo – sino a condición de imaginarse a sí misma durante el acto, siendo golpeada, violada, o siendo otra mujer, o incluso estando en otra parte, ausente. 

-H.W.: ¿Y el fantasma masculino? 

-J-A.M.: Está muy en evidencia en el enamoramiento. El ejemplo clásico, comentado por Lacan, está en la novela de Goethe[2], la súbita pasión del joven Werther por Charlotte, en el momento en que la ve por primera vez, alimentando a un grupo de niños que la rodea. Aquí es la cualidad maternal de la mujer lo que desencadena el amor. Otro ejemplo, tomado de mi práctica, es este: un jefe en la cincuentena recibe candidatas para un puesto de secretaria. Una joven mujer de 20 años se presenta y le desencadena inmediatamente su fuego. Se pregunta lo que le pasó, entra en análisis. Allí descubre el desencadenante: encontró en ella rasgos que le evocaban lo que él mismo era a los 20 años, cuando se presentó a su primera solicitud de trabajo. De algún modo se enamoró de sí mismo. 

-H.W.: ¡Se tiene la impresión de que somos marionetas! 

-J-A.M.: No, entre tal hombre y tal mujer, nada está escrito por anticipado, no hay brújula, no hay relación preestablecida. Su encuentro no está programado como el del espermatozoide y el del óvulo; nada que ver tampoco con los genes. Los hombres y las mujeres hablan, viven en un mundo de discurso, es eso lo que es determinante. Las modalidades del amor son ultrasensibles a la cultura ambiente. Cada civilización se distingue por el modo en que estructura su relación entre los sexos. Ahora, ocurre que en Occidente, en nuestras sociedades, a la vez liberales, mercantiles y jurídicas, lo "múltiple" está en camino de destronar el "Uno". El modelo ideal de "gran amor para toda la vida" cede poco a poco el terreno ante el speed dating, el speed living y toda una profusión de escenarios amorosos alternativos, sucesivos, incluso simultáneos. 

-H.W.: ¿Y el amor en su duración?, ¿en la eternidad? 

-J-A.M.: Balzac decía: "Toda pasión que no se crea eterna es repugnante"[3]. ¿Pero el vínculo puede mantenerse toda la vida en el registro de la pasión? Cuanto más un hombre se consagra a una sola mujer, más ella tiende a tomar para él una significación maternal: tanto más sublime e intocable cuanto más amada. Son los homosexuales casados lo que desarrollan mejor este culto de la mujer: Aragon canta su amor por Elsa cuando muere, ¡buen día a los muchachos! Y cuando una mujer se apega a un solo hombre, lo castra. Por lo tanto, el camino es estrecho. El mejor destino del amor conyugal es la amistad, decía en esencia Aristóteles. 

-H.W.: El problema, es que los hombres dicen no comprender lo que quieren las mujeres, y las mujeres, lo que los hombres esperan de ellas… 

-J-A.M.: Sí. Lo que es una objeción a la solución aristotélica es que el diálogo de un sexo con el otro es imposible, suspiraba Lacan. Los enamorados están de hecho condenados a aprender indefinidamente la lengua del otro, a tientas, buscando las claves, siempre revocables. El amor, es un laberinto de malentendidos cuya salida no existe. 

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Traducción: 
Silvia Baudini 
Entrevista:
Hanna Waar.
Para:
Psychologies Magazine, octubre 2008, n° 278. 
Tomado de:
Consecuencias, Revista Digital de Psicoanálisis, Arte y Pensamiento.
Edición #6 Junio 2011.


1- BAUMAN, Zygmunt:. Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. 
2- GOETHE, Johann Wolfgang: Los sufrimientos del joven Werther. 
3- HONORATO de BALZAC: en La Comedia humana, volumen VI "Estudios de las costumbres: escenas de la vida parisina".

miércoles, 7 de agosto de 2013

El humor del filósofo lacaniano

POR HECTOR PAVON



Hay método en su locura... Slavoj Zizek es vehemente y apasionado por la palabra y así se lo percibe en la imagen y la voz que llega a través de una videollamada por la pantalla de la PC. Se encuentra en San Pablo donde presentó un nuevo libro sobre Hegel y va a hablar un poco en esta entrevista del libro que publicó aquí El más sublime de los histéricos (Paidós). Así es su producción intelectual: tiene más de 60 libros escritos que se multiplican y superponen alrededor del mundo en decenas de idiomas. Y eso lo hace feliz: “El mejor momento de vida siempre se relaciona con el último libro de filosofía que escribí”.
-¿Cuál es la lectura que hoy hace de este libro que escribió hace treinta años como tesis, dirigido por Jacques Alan Miller?
-Suelo ser muy crítico. Pero debo admitir que ésta es mi primera obra seria. Preferiría que todos mis libros anteriores fueran quemados. Este es el primer libro que no me disgusta. Lo que más me sorprende es lo poco que he cambiado. No me gusta que haya muchos grandes cambios. Mi último libro que acaba de aparecer en Brasil –de más de 1.000 páginas, Less than nothing– podría tener la tapa del libro del que hablamos. Siempre estoy escribiendo o editando el mismo libro.
-Heidegger, Lacan, Marx y Hegel señalan el origen de su filosofía. ¿Cómo armó esa constelación?
-Tenía 21 años cuando escribí mi primer libro que fue sobre Heidegger y el lenguaje. Había dos grandes orientaciones en Eslovenia: la filosofía oficial, dominante, es decir, el marxismo y la Escuela de Frankfurt. Y la otra, no oficial, la de los heideggerianos. Yo estaba más o menos con ellos, luego explotó el pensamiento francés: Foucault, Lacan, Althusser. Y nuestra joven generación quedó inmediatamente fascinada con ellos, porque este pensamiento francés fue atacado brutalmente por las dos orientaciones en Eslovenia. Y esto nos intrigó: cómo podía ser que los enemigos oficiales, los heideggerianos, y los marxistas, hablasen el mismo idioma contra su enemigo común. Estuvimos oscilando: un poco de Lacan, Derrida, Foucault, Althusser, Deleuze. Y luego nos volvimos lacanianos, pero todo esto fue a través de Hegel. Su universo fue nuestra experiencia formativa.
-¿Conoció en persona a Jacques Lacan?
-Sí. Pero estoy completamente seguro de que él nunca me conoció. Hablé con él dos veces cuando estaba estudiando en París, con Jacques Miller. Conocí a algunas personas que en aquel momento se analizaban con Lacan y que me contaron que estaban seguros de que Lacan, ya senil, ni siquiera los escuchaba mientras se psicoanalizaban con él, que Lacan no sabía quiénes eran. Miller nos presentó, pero estoy convencido de que Lacan no supo quién era yo.
-¿Y hoy está en contacto con Miller?
-Lamentablemente no. Gracias a él comprendí a Lacan. A comienzos de los 80 fui admitido a un seminario suyo. Miller tenía la habilidad mágica de “traducirnos” a Lacan. Creo que a Miller le interesaba más expandir su parte clínica y quería que yo volviese a Eslovenia e iniciase clínicas lacanianas pero yo no quise. Aunque me considero demasiado loco, la sola idea de ser un psicoanalista me parecía una locura. Lo que lamentablemente sucedió es que él se movió hacia la centroderecha liberal y escribe columnas en dos medios de la centroderecha francesa: Le Figaro y Le Point.
-En el documental “Zizek!” usted dice: “no queremos realmente lo que pensamos que deseamos...” 
-Es la lección básica de Lacan. Lo que deseás no es generalmente lo que querés. El tema es que a menudo, cuando obtenés demasiado de lo que pensás que deseás, el resultado puede ser el horror. El psicoanálisis hace algo que puede parecer simple: te confronta sin excusas con lo que efectivamente deseás. Es horrible de asumir. Nuestra posición natural es la hipocresía: deseamos algo pero preferimos no tener lo que queremos. Un ejemplo político brutal: hoy está de moda decir que la gente quiere tener voz, participar en política. No. La mayoría, no. Esto es lo problemático cuando se dice: “Necesitamos una ciudadanía más activa”. Que la gente debe participar en las decisiones, en reuniones, en sus comunidades locales, etcétera. No es así, salvo en situaciones de emergencia, en estos hermosos momentos de revueltas y demás. Pero en el largo plazo, lo que la gente quiere es un orden público, organización estatal, que las cosas funcionen y me permitan hacer bien mi trabajo. No me gusta este casi superyoico terror de ser un ciudadano activo, que participa todo el tiempo. No funciona de ese modo.
-¿Y cuál es el lugar de la ética en este contexto? Algunos plantean que debe ser repensada...
-Los problemas que estamos confrontando no pueden ser respondidos por ningún sistema ético tradicional, antiguo. Tampoco la religión ni la ética secular estándar. Lo que sabemos por la biogenética o las ciencias cognitivas sobre nuestro cerebro es que hay increíbles posibilidades de conexiones cerebrales a computadoras y demás. Se podría cambiar genéticamente nuestros niños, nuestro ADN, no hay reglas claras en esto. Lo más significativo de esta confusión fue que Jürgen Habermas, el más alto representante de la izquierda liberal secular alemana, y el entonces cardenal Joseph Ratzinger escribieron juntos un pequeño volumen contra la amenaza de la biogenética. Ellos, grandes oponentes, bregaban por poner límites. No es una respuesta suficiente. Me parece que vivimos un momento de crisis ética, pero no me refiero a la queja habitual conservadora de la pérdida de valores. Me refiero a que estos valores están en crisis desde sus cimientos. Vivimos tiempos muy abiertos e interesantes.
-Y en el cruce de psicoanálisis y filosofía, ¿qué elige, la vida real o la ficción?
-Según Lacan, a veces la ficción es más real que la vida real. A veces lo que es excluido o reprimido de nuestra realidad se formula más tarde disfrazada de ficción. Por eso me gusta la ciencia ficción porque podemos ubicar cosas que no podemos confrontar directamente en la realidad. Por ejemplo: Lincoln de Spielberg. Una película de la mitología liberal oficial donde Lincoln aparece como el maestro ejecutor de las maniobras necesarias. Pero, antes apareció Lincoln: cazador de vampiros, un filme de terror absolutamente loco en el que se cuenta que los verdaderos enemigos de Lincoln eran los vampiros que apoyaban a la Confederación de estados del Sur, que les proveían la sangre que necesitaban, de los negros y los muertos. Lincoln lo sabía y por eso en la batalla de Gettysburg utilizó balas de plata, porque entre los combatientes sureños había vampiros. Toda la violencia, la lucha para terminar con la esclavitud, llamémosla lucha de clases, está ausente en la película oficialista de Spielberg y se recrea, en una película de ficción.
-Hay una pregunta conocida de Freud: “¿Qué es una mujer?”. Actualicemos esta inquietud por: ¿Qué es un hombre?
-Estoy tentado a decir que la lección más profunda de Lacan es que la mujer está en una posición ontológica más fundamental. Que la subjetividad está en su nivel más fundamental femenino. Y que el hombre es una reacción a la mujer, el hombre viene en segundo lugar. En esto, Lacan dio vuelta la Biblia, que primero habla de Adán y la condena de la diferencia sexual y luego de la mujer. El hombre viene en segundo lugar, es una especie de ello para la mujer. Porque, otra vez, esta inconsistencia pura de ser sujeto del orden simbólico, que Lacan habría llamado “el no-todo”. El hombre, entonces, es un intento a través de un significante fálico para totalizar esto, y así sucesivamente. Hace poco leí un libro sobre Corea del Norte donde la autora demuestra cómo el régimen norcoreano no sería un régimen autoritario machista sino que es profundamente no feminista, pero sí maternal donde la propaganda del partido es la de una madre de masas, todas las metáforas del poder son maternales. Hay canciones que dicen cosas como que el partido es la madre de la gente y que la gente sólo podrá sobrevivir si toman la leche del partido madre: “nunca abandonaremos tu seno materno, madre partido”.
-Ha asustado a los europeos cuando escribió: “El futuro de la democracia es Berlusconi...” 
-Exageré un poco pero señalé algo muy triste. Sólo Europa y un poco EE.UU. se encuentran en crisis; América Latina está progresando rápidamente; Africa subsahariana está progresando; Malasia; Polonia. China, Singapur, Taiwán, tienen un progreso explosivo. En todo el planeta, al capitalismo le está yendo mejor que nunca. ¿Pero qué es lo que está en crisis? El matrimonio interno entre el capitalismo y democracia se está desintegrando. Lo que está apareciendo hoy es una nueva forma de capitalismo, pero que ya no necesita a la democracia en el sentido europeo. Fijate en China: los viejos comunistas totalitarios hoy parecen ser los mejores administradores del nuevo capitalismo. Y, lo de Berlusconi fue una señal de cómo, lento pero seguro, la misma tendencia autoritaria, aunque se mantenga la democracia, la misma irrelevancia gradual de la democracia está creciendo también en algunos países de Europa. Si entráramos en un mundo que deje de ser ideológicamente europeo, entonces quizá tengamos una sociedad mucho más autoritaria.
-Usted criticó movimientos como “Occupy Wall Street”. ¿Le parece posible que surja algo nuevo de esta crisis?
-Sí, claro. Hasta escribí un libro The year of dreaming dangerously. Estuve, por supuesto, a favor de “Occupy Wall Street”, pero enfaticé que era un gesto negativo. La importancia de “Occupy, Wall Street” fue que mostraban que había algo mal más allá de nuestro sistema económico. Y, además, la democracia en su forma actual, la democracia multipartidaria institucional no es suficiente para lidiar con estos problemas. Lo principal es que al menos en algunos países europeos hay situaciones protorrevolucionarias. Sin embargo, no hay movimiento que podría redireccionar esta profunda y agresiva insatisfacción hacia una dirección política mínimamente positiva. Si se les pregunta a los manifestantes qué es lo que quieren, todo lo que recibís como respuesta es “queremos más dinero para salvar a la gente, más gente que ahorre dinero, más justicia, una vida digna”. Pero si les preguntás a los manifestantes: “Ok, pero ¿qué quieren, más específicamente? ¿Un capitalismo más keynesiano? ¿Más moderno?, inmediatamente recibís respuestas confusas. Me parece que el verdadero perdedor en esta crisis es la izquierda radical. En Grecia hay un movimiento griego muy bien organizado, ¿qué ocurre si ganan las próximas elecciones? La mayoría quiere formar un gobierno de coalición nacional aun con gente cercana a la democracia para salvar al país. La mayoría persigue esta línea pura de no compromiso. Entonces el problema subsiste. El problema de la izquierda que simplemente no puede formular un gran proyecto. Ahora bien, por supuesto, la respuesta obvia habría sido “Quizás no podemos formular semejante proyecto. Tal vez debamos seguir modestos, pragmáticos y realistas, y simplemente tratar de cambiar el sistema gradualmente: más cuidado de la salud, más política ambiental, y demás”. Por otro lado, China, India y otros países continúen desarrollándose así, la humanidad entera no puede convertirse en consumidora como los países altamente desarrollados. Hay un límite ecológico. El capital trata desesperadamente de encontrar formas de prolongar esta etapa de lo privado, por no hablar de nuevas formas de apartheid, de los problemas que plantea la biogenética. Por eso, si no hacemos algo, si no hay una suerte de acción colectiva, pienso que, si las cosas siguen igual que ahora, nos estaremos acercando a una triste sociedad autoritaria, con apartheid, privilegios para algunos y otros males.
-¿Los filósofos tienen humor?
-Pienso que todos los filósofos dialécticos saben cómo tener humor. Hegel está lleno de bromas, hasta de bromas cínicas, si se quiere. Heidegger es un caso interesante porque es el único filósofo en cuya obra entera no encontrás ni una sola broma. Conozco a Heidegger muy bien, pero, para asegurarme, suelo preguntarles a amigos míos que son heideggerianos fanáticos si recuerdan algún chiste. Y aquí viene la ironía. El único lugar que conozco donde Heidegger formula algo como una broma es en una carta a un psiquiatra suizo que lo estaba tratando, Medard Boss. En esa carta, Heidegger le informa a su amigo suizo sobre su visita a Lacan a fines de los años 50. Y dice que Lacan le parecía un buen psiquiatra que a su vez... necesitaba de un buen psiquiatra. Es el único comentario irónico que le conozco a Heidegger.


viernes, 11 de enero de 2013

De Freud a Lacan, la cuestión femenina

De Freud a Lacan, la cuestión femenina 


Lacan rechaza toda hipótesis concerniente a la existencia de

una libido específicamente femenina, de un inconsciente femenino, de una escritura femenina, etc... ( cito a

Luce Irigaray, cuya obra es la mas conocida). Lacan elabora entonces una versión -lógica y topológica-

para situar esa especificidad de la “posición femenina” sin abandonar por ello la referencia a la concepción

universal de un sujeto del inconsciente determinado por la castración (función fálica). A diferencia de Freud

–afirmará-- no “obligo” a las mujeres a tomar la única vía de la solución fálica”, comento así muy
brevemente una complicada cita de su texto L’Etourdit. Si hubiera una “especificidad” de lo femenino --es lo
que intentaban sostener las feministas “de la diferencia”-- debe situarse en un “más allá” de la función fálica
--pero no sin referencia a ella--, en una posición en la que el goce del sujeto que ha optado (hay en efecto
“elección sexual”...) por esa “posición femenina” --sea identificado anatómicamente y/o socialmente como
hombre o mujer, lo cual no es una “identificación” sin consecuencias-- no está totalmente organizada por la
lógica fálica, especificidad de la “posición femenina” que consiste en acceder a una modalidad de goce otro
que el goce fálico, apertura de un goce no del todo fálico, un goce suplementario al goce fálico, aclara
Lacan. No se trata pues en esa posibilidad del uno o del otro.
La delimitación de ese campo del goce sexual distribuido en el campo de lo sexual en un goce totalmente
fálico y en un goce no del todo fálico, permiten nuevas elaboraciones de la disyunciones de las que hemos
hablado y la configuración de una nueva clínica en lo que concierne a las formas de anudamiento del
deseo, del amor y del goce.
En todo caso, deja abierta para las mujeres la “libertad” de situarse de otra manera que la que Freud prescribía (con cuidado sin duda) como siendo la “normal”, vale decir la solución por el goce fálico de la
maternidad. Y si Freud había hablado de tres destinos de la sexualidad femenina: la anestesia sexual, la
elección masculina, y la que para él era la propiamente femenina... con su bien conocido aforismo “La mujer
no existe”, Lacan opta por dejar en el uno por uno de cada una, la elección de su modalidad de goce.
Abandona así el intento de construir una categoría universal de LA mujer, punto al que arribarán por otra
parte gran parte de los movimientos feministas.

Extraido del Texto:De Freud a Lacan, la cuestión femenina
Rithée Cevasco .

martes, 19 de julio de 2011

Leer un síntoma

Jacques-Alain Miller

Tengo que revelarles el título del proximo congreso de la NLS, justificarlo y presentar algunas reflexiones sobre la cuestión que podrán servirles de referencia para la redacción de los trabajos clínicos que convoca *. Elegí este título para ustedes a partir de dos indicaciones que he recibido de vuestra presidenta, Anne Lysy. La primera es que el Consejo de la NLS desearía que el próximo congreso sea sobre el síntoma, la segunda que el lugar del congreso sería Tel-Aviv, La cuestión por lo tanto era determinar qué acento, qué inflexión, qué impulso dar al tema del sintoma. Lo sopesé en función de mi curso que hago en París todas las semanas, donde me explico con Lacan y la práctica del psicoanálisis hoy, esta práctica que no es más completamente, o quizá de ningún modo, la de Freud. Y en segundo lugar he sopesado el acento a darle al tema del síntoma en función del lugar, Israel. Y por lo tanto, todo bien sopesado, he elegido el título siguiente : leer el sintoma, to read a symptom.

Saber leer

Aquellos que leen a Lacan sin duda han reconocido aquí un eco de sus palabras en su escrito « Radiofonía » que pueden encontrar en la recopilación de los Autres Écrits, página 428. Señala allí que el judío es aquel que sabe leer[i]. Se tratará de interrogar ese saber leer en Israel, el saber leer en la práctica del psicoanálisis. Diré inmediatamente que el saber leer, como yo lo entiendo, completa el bien decir, que se ha vuelto un slogan entre nosotros. Voy a sostener con gusto que el bien decir en el psicoanálisis no es nada sin el saber leer, que el bien decir propio al psicoanálisis se funda sobre el saber leer. Si nos atenemos al bien decir, no alcanzamos mas que la mitad de aquello de lo que se trata. Bien decir y saber leer están del lado del analista, es propiedad del analista, pero en el curso de la experiencia se trata que bien decir y saber leer se transfieran al analizante. Que aprenda de algún modo, fuera de toda pedagogía, a bien decir y también a saber leer. El arte de bien decir, es la definición de esa disciplina tradicional que se llama retórica. Ciertamente el análisis participa de la retórica pero no se reduce a ella. Me parece que lo que hace la diferencia es el saber leer. El psicoanálisis no es solo cuestión de escucha, listening, también es cuestión de lectura, reading. En el campo del lenguaje sin duda el psicoanálisis toma su punto de partida de la función de la palabra pero la refiere a la escritura. Hay una distancia entre hablar y escribir, speaking and writing. En esta distancia opera el psicoanálisis, es esta diferencia lo que el psicoanálisis explota.

Agregaré una nota más personal a la elección que hago del título, « leer un síntoma », puesto que es el saber leer lo que Lacan me imputa a mí. Ustedes encontrarán esto en el exergo de su escrito « Televisión », en la recopilación de los Autres Ecrits página 509, donde le planteaba un cierto número de preguntas en nombre de la televisión y puso en exergo del texto que reproduce con ciertos cambios lo que él dijo entonces : « Aquel que me interroga sabe también leerme ».[ii] Por lo tanto Lacan me prendió con el saber leer, al menos con el saber leer a Lacan. Es un certificado que me otorgó en razón de las anotaciones con las que escandí su discurso en el margen, muchas de las cuales hacen referencia a sus fórmulas llamadas matemas. Entonces la cuestión del saber leer tiene todas las razones para importarme.

El secreto de la ontología

Después de esta introducción voy a evocar ahora el punto en que estoy de mi curso de este año y que conduce precisamente a esta cuestión de lectura, y de lectura del síntoma. Estoy en estos días articulando la oposición conceptual entre el ser y la existencia. Y es una etapa en el camino donde considero distinguir y oponer el ser y lo real, being and the real.

Se trata para mí de poner de relieve los límites de la ontología, de la doctrina del ser. Son los griegos quienes inventaron la ontología. Pero ellos mismos se dieron cuenta de los límites puesto que algunos desarrollaron un discurso que se refiere explícitamnte a un más allá del ser, beyond being. Debemos creer que ellos sintieron la necesidad de este más allá del ser y colocaron el Uno, the one. En particular aquel que desarrolló el culto del Uno, como más allá del ser, es el llamado Plotino. Y lo extrajo siglos más tarde de una lectura de Platon, precisamente delParménides de Platon. Entonces, lo extrajo de un cierto saber leer a Platon. Y más acá de Platon está Pitágoras, matemático pero místico matemático. Pitágoras el que divinisaba el número y especialment el Uno y quien no hacía una ontología sino lo que se llama en términos técnicos a partir del griego una henología, es decir una doctrina del Uno. Mi tesis, es que el nivel del ser llama, necesita un más allá del ser.

Los griegos que desarrollaban una ontología sintieron la necesidad de un punto de apoyo, de un fundamento inquebrantable que justamente el ser no les daba. El ser no da un fundamento inquebrantable a la experiencia, al pensamiento, precisamente porque hay una dialéctica del ser. Plantear el ser, es al mismo tiempo plantear la nada. Y plantear el ser es esto, es al mismo tiempo plantear que no es eso, por lo tanto lo es también a título de ser su contrario. El ser, en suma, carece singularmente de ser y no por accidente sino de manera esencial. La ontología desemboca siempre en una dialéctica del ser. Lacan lo sabía tan bien que precisamente define el ser del sujeto del inconciente como una falta en ser. Explota allí los recursos dialécticos de la ontología. La traducción de la expresión francesa « falta en ser » por want to be agrega algo totalmente precioso, la noción de deseo. Want no es solo el acto, en Want está el deseo, está la voluntad y precisamente el deseo de hacer ser lo que no está. El deseo hace la mediación entrebeing and nothingness. Encontramos este deseo en el psicoanálisis a nivel del deseo del analista, que anima la operación analítica en tanto que ese deseo apunta a conducir el ser al inconciente, apunta a hacer aparecer lo que está reprimido como decía Freud. Evidentemente eso que está reprimido es por excelencia un want to be, lo que está reprimido no es un ser actual, no es una palabra efectivamente dicha, lo que está reprimido es un ser virtual que está en el estado de posible, que aparecerá o no. La operación que conduce al ser el inconciente, no es la operación del Espíritu Santo, es una operación de lenguaje, la que aplica el psicoanálisis. El lenguaje es esta función que hace ser lo que no existe. Es incluso lo que los lógicos debieron constatar, se deseperaron por el hecho que el lenguaje sea capaz de hacer ser lo que no existe y entonces trataron de normativizar su uso esperando que su lenguaje artificial solo nombraría lo que existe.

Pero de hecho hay que reconocer allí, no un defecto del lenguaje, sino su potencia. El lenguaje es creador y en particular crea el ser. En suma el ser del que hablan desde siempre los filósofos, este ser no es jamás otra cosa que un ser de lenguaje, es el secreto de la ontología. Entonces, se produce un vértigo.

Un discurso que sería de lo real

Se produce un vértigo para los filósofos mismos, que es el vértigo mismo de la dialéctica. Porque el ser es lo opuesto de la apariencia pero también el ser no es otra cosa que la apariencia, una cierta modalidad de la apariencia. Entonces es esta fragilidad intrínseca al ser la que justifica la invención de un término que reúne el ser y la apariencia, el termino semblante. El semblante es una palabra que utilizamos en el psicoanálisis y con el cual tratamos de ceñir lo que es a la vez ser y apariencia de manera indisociable. Hace tiempo traté de traducir esta palabra en inglés con la expresión make believe. En efecto si se cree en ello, no hay diferencia entre la apariencia y el ser. Es una cuestión de creencia.

Entonces mi tesis, que es una tesis sobre la filosofía a partir de la experiencia analítica, es que los griegos, justamente porque han lidiado eminentemente con este vértigo, buscaron un más allá del ser, un más allá del semblante. Lo que nosotros llamamos lo real es ese más allá del semblante, un más allá que es problemático. ¿Existe un más allá del semblante ? Lo real sería, si lo queremos, un ser pero que no sería ser de lenguaje, que estaría intocado por los equívocos del lenguaje, que sería indiferente al make believe.

Este real, ¿dónde lo encontraban los griegos ? Lo encontraban en las matemáticas y en otras partes; desde entonces en que las matemáticas continuaron como continuó la filosofía, los matemáticos se dicen siempre con gusto platónicos en el sentido que no piensan en absoluto que crean su objeto sino que para ellos deletrean un real que ya está allí. Y eso, eso permite soñar, en todo caso hacía soñar a Lacan.

Lacan hizo una vez un seminario que se titulaba « De un discurso que no sería del semblante »[iii]. Es una fórmula que permaneció misteriosa incluso una vez que el seminario fue publicado, porque el título de este seminario se presenta bajo una forma condicional y negativa a la vez. Pero bajo esta forma, evoca un discurso que sería de lo real, es eso lo que quiere decir. Lacan tuvo el pudor de no decirlo bajo esta forma que develo, lo dijo bajo una forma solamente condicional y negativa : De un discurso que sería de lo real, de un discurso que tomaría su punto de partida a partir de lo real, como las matemáticas. Era el sueño de Lacan poner el psicoanálisis al nivel de las matemáticas. Con respecto a esto hay que decir que solo en las matemáticas lo real no varía – aunque en los márgenes varía de todos modos. En la física matemática, que incorpora y que se sostiene sin embargo en las matemáticas, la noción de real es completamente resbaladiza porque es de algún modo heredera de la vieja idea de naturaleza, que con la mecánica cuántica, con las investigaciones de estar más allá del átomo podemos decir que lo real en la física se ha vuelto incierto. La física conoce polémicas entre físicos aun más vivaces que en el psicoanálisis. Lo que para uno es real, para otro no es mas que semblante. Hacen propaganda de su noción de real, porque a partir de un cierto momento hicieron entrar en la cuenta la observación. A partir de ese momento, el complejo compuesto del observador y de los instrumentos de observación interfiere y entonces lo real se vuelve relativo al sujeto, es decir deja de ser absoluto. Podemos decir que de este modo el sujeto hace pantalla a lo real. No es ese el caso en matemáticas. ¿Cómo se accede en matemáticas a lo real,porqué instrumento ? Se accede por el lenguaje sin duda, pero un lenguaje que no hace pantalla a lo real, un lenguaje que es lo real. Es un lenguaje reducido a su materialidad, es un lenguaje que está reducido a su materia significante, es un lenguaje que se reduce a la letra. En la letra, contrariamente a la homofonía, no se encuentra el ser, being, in the letter is not being that you find, es the real.

Fulgor del inconciente y deseo del analista

Propongo interrogar el psicoanálisis a partir de estas premisas. En el psicoanálisis, ¿dónde está lo real ? Es una pregunta apremiante en la medida en que un psicoanalista no puede no sentir el vértigo del ser, desde el momento en que en su práctica está invadida por las creaciones, por las criaturas de la palabra

¿Dónde está lo real en todo esto ? ¿El inconciente es real ? ¡No ! De todos modos es la respuesta más fácil de dar. El inconciente es una hipótesis, lo que resta como una perspectiva fundamental, incluso si podemos prolongarla, hacerla variar. Para Freud, recuerden, que el inconciente es el resultado de una deducción. Es lo que Lacan traduce del modo más aproximado subrayando que el sujeto del inconciente es un sujeto supuesto, es decir hipotético. No es entonces un real. Incluso nos planteamos la cuestión de saber si es un ser.Ustedes saben que Lacan prefiere decir que es un deseo de ser más bien que un ser. El inconciente no tiene más ser que el sujeto mismo. Lo que Lacan escribe S tachado, es algo que no tiene ser, que solo tiene el ser de la falta y que debe advenir. Y nosotros lo sabemos bien, basta simplemente extraer las consecuencias de ello. Sabemos bien que el inconciente en el psicoanálisis está sometido a un deber ser. Está sometido a un imperativo que como analista representamos. Y es en ese sentido que Lacan dice que el estatuto del inconciente es ético. Si el estatuto del inconciente es ético, no es del orden de lo real, es eso lo que quiere decir. El estatuto de lo real no es ético. Lo real, en sus manifestaciones es más bien unethical, no se comporta según nuestra conveniencia. Decir que el estatuto del inconciente es ético es precisamente decir que es relativo al deseo, y primeramente al deseo del analista que trata de inspirar al analizante a tomar el relevo de ese deseo.

¿En qué momento en la práctica del psicoanálisis necesitamos una deducción del inconciente ? Simplemente por ejemplo cuando vemos volver en la palabra del analizante recuerdos antiguos que se habían olvidado hasta ese momento. Estamos forzados a suponer que esos recuerdos, en el intervalo, residían en alguna parte, en un cierto lugar de ser, un lugar que permanece desconocido, inaccesible al conocimiento, del que decimos precisamente que no conoce el tiempo. Y para remedar aún más el estatuto ontológico del inconciente, tomemos lo que Lacan llama sus formaciones, que ponen de relieve precisamente el estatuto fugitivo del ser. Los sueños se borran. Son seres que no consisten, de los que a menudo solo tenemos fragmentos en el análisis. El lapsus, el acto fallido, el chiste, son seres instantáneos, que fulguran, a los que les damos en el psicoanálisis un sentido de verdad pero que se eclipsan inmediatamente.

Confrontación con los restos sintomáticos

Entonces entre esas formaciones del inconciente está el síntoma. Por qué ponemos el síntoma entre estas formaciones del inconciente sino porque el síntoma freudiano también es verdad. Le damos un sentido de verdad, lo interpretamos. Pero se distingue de todas las otras formaciones del inconciente por su permanencia. Hay otra modalidad de ser. Para que haya síntoma en el sentido freudiano, sin duda es necesario qeu haya sentido en juego. Hace falta que eso pueda interpretarse. Es lo que constituye para Freud la diferencia entre el síntoma y la inhibición. La inhibición es pura y simplemente la limitación de una función. En tanto que tal una inhibición no tiene sentido de verdad. Para que haya síntoma es necesario también que el fenómeno dure. Por ejemplo, el sueño cambia de estatuto cuando se trata de un sueño repetitivo. Cuando el sueñoes repetitivo implicamos un trauma. El acto fallido, cuando se repite, se vuelve sintomático, puede incluso invadir todo el comportamiento. En ese momento le damos el estatuto de síntoma. En ese sentido el síntoma es lo que nos da el psicoanálisis como lo más real.

Es a propósito del síntoma que la cuestión de pensar la correlación de lo verdadero y lo real se vuelve candente. En este sentido, el síntoma es un Jano, tiene dos caras, una cara de verdad y una cara de real. Lo que Freud descubrió y que fue sensacional en su tiempo, es que un síntoma se interpreta como un sueño, se interpreta en función de un deseo y que es un efecto de verdad. Pero hay, como ustedes saben, un segundo tiempo de este descubrimiento, la persistencia del síntoma después de la interpretación, y Freud lo descubrió como una paradoja. Es en efecto una paradoja si el síntoma es pura y simplemente un ser de lenguaje. Cuando tenemos que vérnosla con seres de lenguaje en el análisis, los interpretamos, es decir los reducimos. Reconducimos los seres de lenguaje a la nada, los reducimos a la nada. La paradoja aquí es la del resto. Hay una xque resta más allá de la interpretación freudiana. Freud se aproximó a esto de distintas maneras. Puso en juego la reacción terapéutica negativa, la pulsión de muerte y amplió la perspectiva hasta decir que el final del análisis como tal deja siempre subsistir lo que llamaba restos sintomáticos. Hoy nuestra práctica se ha prolongado mucho más allá del punto freudiano, mucho más allá del punto en que para Freud el análisis encontraba su fin. Justamente era un fin del que Freud decía que siempre hay un resto y por lo tanto siempre hay que recomenzar el análisis, después de un corto tiempo, al menos para el analesta. Un corto tiempo de pausa y luego recomenzamos. Era el ritmo stop and go, como se dice en francés ahora. Pero eso no es nuestra práctica. Nuestra práctica se prolonga más allá del punto en que Freud consideraba que hay finales de análisis, incluso si había que retomar el análisis, nuestra práctica va más allá del punto que Freud consideraba como fin del análisis. En nuestra práctica asistimos entonces a la cofrontación del sujeto con los restos sintomáticos. Pasamos por supuesto por el momento del desciframiento de la verdad del síntoma, pero llegamos a los restos sintomáticos y alli no decimos stop. El analesta no dice stop y el analizante no dice stop. El análisis en ese periódo, está hecho de la confrontación directa del sujeto con lo que Freud llamaba los restos sintomáticos y a los que nosotros damos otro estatuto muy diferente. Bajo el nombre de restos sintomáticos Freud chocó con lo real del síntoma, con lo que en el síntoma, es fuera de sentido.

El goce del ser hablante

Ya en el segundo capítulo de Inhibición, síntoma y angustia , Freud caracterizaba el síntoma a partir de lo que él llamaba la satisfacción pulsional « como signo y el sustituto (Anzeichen und Ersatz) de una satisfacción pulsional que no ocurrió » [iv]. Lo explicaba en el segundo capítulo a partir de la neurosis obsesiva y de la paranoia señalando que el síntoma que se presenta primeramente como un cuerpo extraño en relación con el yo, intenta cada vez más hacer uno con el yo, es decir tiende a incorporarse al yo. Veía en el síntoma el resultado del proceso de la represión. Evidentemente son dos capítulos y el conjunto del libro que deben trabajarse para el proximo congreso.

Quisiera señalar esto :¿ el goce en cuestión es primario ? En un sentido, sí. Podemos decir que el goce es lo propio del cuerpo como tal, que es un fenómeno de cuerpo. En ese sentido, el cuerpo es lo que goza, pero reflexivamente. Un cuerpo es lo que goza de sí mismo, es lo que Freud llamaba el autoerotismo. Pero eso es verdad para todo cuerpo viviente. Podemos decir que es el estatuto del cuerpo viviente el gozar de sí mismo. Lo que distingue el cuerpo del ser hablante es que su goce sufre la incidencia de la palabra. Y precisamente un síntoma testimonia que ha habido un acontecimiento que marcó su goce en el sentido freudiano de Anzeichen y que introduce un Ersatz, un goce que no haría falta,un goce que trastorna el goce que haría falta, es decir el goce de su naturaleza de cuerpo. Por lo tanto en ese sentido, no, el goce en cuestión en el síntoma no es primario. Está producido por el significante. Y es precisamente esta incidencia significante lo que hace del goce del síntoma un acontecimiento, no solo un fenómeno. El goce del síntoma testimonia que hubo un acontecimiento , un acontecimiento de cuerpo después del cual el goce natural entre comillas, que podemos imaginar como el goce natural del cuerpo vivo, se trastornó y se desvió. Este goce no es primario pero es primero en relación con el sentido que el sujeto le da, y que le da por su síntoma en tanto que interpretable.

Podemos recurrir para captarlo mejor a la oposición de la metáfora y de la metonimia. Hay una metáfora del goce del cuerpo, esta metáfora produce acontecimiento, produce este acontecimiento que Freud llama la fijación. Eso supone la acción del significante como toda metáfora, pero un significante que opera fuera de sentido. Y luego de la metáfora del goce está la metonimia del goce, es decir su dialéctica. En ese momentos se dota de significación. Freud habla de ello en Inhibición, sintoma y angustia, habla de die symbolische Bedeutung, de la significación simbólica que afecta un cierto número de objetos.

De la escucha del sentido a la lectura del fuera de sentido

Podemos decir que eso se transmite en la teoría analítica. En la teoría analítica durante mucho tiempo se contó una pequeña historia sobre el goce, una pequeña historia donde el goce primordial debía encontrarse en la relación con la madre, donde la incidencia de la castración era por efecto del padre y donde el goce pulsional encontraba sus objetos que eran Ersatz que taponaban la castración. Es un aparato muy sólido que fue construido, que abraza los contornos de la teoría analítica. Pero de todos modos, voy a endurecer el trazo, es una superestructura mítica con la cual durante un tiempo se logró, en efecto, suprimir los síntomas interpretándolos en el marco de esta superestructura. Pero interpretando el síntoma en el marco de esta superestructura, es decir prolongando lo que yo llamaba esta metonimia del goce, se hizo inflar el sintoma también, es decir se lo alimentó con sentido. Allí se inscribe mi « leer el síntoma ».

Leer un síntoma es lo opuesto, es decir consiste en privar al síntoma de sentido. Por ello Lacan sustituye al aparato de interpretar de Freud – que Lacan mismo había formalizado, clarificado, es decir el ternario edípico – por un ternario que no produce sentido, el de lo Real, lo Simbólico y lo Imaginario. Pero al desplazar la interpretación del marco edípico hacia al marco borromeo, el funcionamiento mismo de la interpretación cambia y pasa de la escucha del sentido a la lectura del fuera de sentido.

Cuando se dice que el psicoanálisis es un asunto de escucha, hay que ponerse de acuerdo, hay que decirlo. Lo que se escucha de hecho, siempre es el sentido, y el sentido llama al sentido. Toda psicoterapia se sostiene en ese nivel. Eso desemboca siempre en definitava en que el paciente es el que debe escuchar, escuchar al terapeuta. Se trata por el contrario de explorar lo que es el psicoanálisis y lo que puede a nivel propiamente dicho de la lectura, cuando se tomadistancia de la semántica – los remito aquí a las indicaciones preciosas que hay sobre esta lectura en el escrito de Lacan que se llama « El atolondradicho » [v] y que pueden encontrar en los Autres Ecrits página 491y siguientes, sobre los tres puntos de la homofonía, la gramática y la lógica.

Apuntar al clinamen del goce

La lectura, el saber leer, consiste en mantener a distancia la palabra y el sentido que ella vehiculiza a partir de la escritura como fuera de sentido, como Anzeichen, como letra, a partir de su materialidad. Mientras que la palabra es siempre espiritual si puedo decirlo y la interpetación que se sostiene puramente a nivel de la palabra no hace mas que inflar el sentido, la disciplina de la lectura apunta a la materialidad de la escritura, es decir la letra en tanto que produce el acontecimiento de goce que determina la formación de los síntomas. El saber leer apunta a esa conmoción inicial, que es como un clinamen del goce – clinamen** es un término de la filosofía de los estoicos.

Para Freud, como el partía del sentido, eso se presentaba como un resto, pero de hecho ese resto es lo que está en los orígenes mismos del sujeto, es de algún modo el acontecimiento originario y al mismo tiempo permanente, es decir que se reitera sin cesar.

Es lo que se descubre, lo que se desnuda en la adicción, en el « un vaso más » que escuchamos hace un momento[vi]. La adiccion es la raíz del síntoma que está hecho de la reiteración inextinguible del mismo Uno., Es el mismo, es decir precisamente no se

jueves, 4 de diciembre de 2008

Cosas de finura en psicoanálisis

Jacques-Alain Miller 

Cosas de finura en psicoanálisis
Curso del 12 de noviembre de 2008 

Y bien, comenzaré por darles mi título. Es una expresión que me sirve de apoyo y de guía, y que es completamente dulce, en tanto que mi discurso quizá no lo es, este es el titulo, Cosas de finura: finura en singular, cosas en plural – en psicoanálisis.
Soñé el año pasado con quedarme en el puerto este año. Y sin embargo estoy aquí embarcado, con ustedes, para una nueva de nuestras aventuras en el mar, siempre recomenzadas y yo entregado a resoplar en el remo. Pero hay aquí una elección forzada. Si es necesario que reme con fuerza, es porque el movimiento del mundo, si puedo decirlo, lo exige en tanto que este movimiento arrastra al psicoanálisis tras sus pasos. La cuestión que se plantea es saber si hay que consentir, y la respuesta es Sí, si el psicoanálisis es un fenómeno de civilización y nada más que eso, No si hay un hilo de la práctica analítica que merece subsistir como tal. Si yo me niego a consentir que el psicoanálisis sea arrastrado tras los pasos del movimiento del mundo, es en nombre de este hilo, que no está sino supuesto, que es objeto de una apuesta, pero que es una cuestión de deseo. Al menos Lacan creando su Escuela creía que un tal hilo existía.
Debería por lo tanto remar tanto más firmemente cuanto que hago ir a mi barco a contra corriente, y al punto que por primera vea, me parece necesario proceder por un retorno a Lacan. Nunca hasta el presente he empleado esta expresión y si lo hago hoy es persuadido de que nos hemos alejado de él.
Por ejemplo, nos alejamos de él, cuando nos encaprichamos, cuando nos embriagamos con el efecto curativo del psicoanálisis. Mientras que el efecto curativo en psicoanálisis nunca está sino subordinado, derivado, obtenido por un sesgo. Al menos en psicoanálisis uno no se focaliza en el efecto curativo y es por ello que abandonamos el término de cura por el de experiencia analítica. Las cosas sin embargo llegaron al punto en que recordar la vieja máxima según la cual la cura viene por añadidura, parece una novedad. Sin duda el mundo juzga al psicoanálisis en función de sus resultados terapéuticos. Esta no es una razón para que el psicoanálisis haga suyo este criterio. Estamos forzados a formular, si puedo decirlo, una doctrina de la doble verdad, forzados a distinguir lo que es verdad para el mundo y lo que es verdad para el psicoanálisis; lo que es verdad para el mundo, que el psicoanálisis vale como terapéutica, no es verdad para el psicoanálisis, que es que vale como deseo, como medio de emergencia de un deseo inédito y cuya estructura es aún ampliamente desconocida.
Entonces, se alega y tengo que ver con ello, se alega una nueva clínica psicoanalítica, que se desprendería de la muy última enseñanza de Lacan y que superaría a la antigua. Sería, se dice a veces, la clínica borromea en su oposición con la clínica estructural, la que distingue neurosis y psicosis, y para ser completa, neurosis, psicosis y perversión. No puedo desconocer que tengo que ver con esto, y que eso se cocinó así. Entonces, esto me da a la vez el deber y quizá la autoridad de decir, primeramente, que en esta materia, la oposición de la antigua y de la nueva requiere alguna dialéctica, pues la clínica, llamada antigua está conservada en la nueva. Y luego, ¿qué dice, esta nueva, o esta segunda clínica? Mucho más que la primera, invalida, ridiculiza la idea de cura, relativiza el efecto terapéutico. Y yo lo demuestro.
Primeramente, esta segunda clínica destruye en sus bases la referencia a la normalidad, a la salud mental, tomando como principio esta fórmula, que vino una sola vez bajo la pluma de Lacan y en un texto accesorio, pero fórmula que comenté el año pasado. Todo el mundo está loco, es decir delirante. Habría que estar ciego y sordo para no percibir que esto es destruir toda posibilidad de hacer emerger una noción de la normalidad – está hecha para que no se llegue allí. Del mismo modo que se definía antiguamente la verdad por la l’adaequatio rei et intellectus – la adecuación de la cosa y de la mente, o del entendimiento -, aquí esta fórmula de la que hago un principio, que todo el mundo está loco, y hago un principio de ella después de haber trabajado el año pasado la paradoja que comporta, este principio plantea como radical la inadecuación de lo real y de lo mental, y comporta que de lo real no se pueda decir más que lo falso, no se pueda más que mentir.
En segundo lugar, la segunda clínica amplia el concepto del síntoma, heredado de Freud, este síntoma es susceptible de levantarse, según la expresión consagrada, ella amplía el concepto freudiano del síntoma hasta incluir allí, de manera esencial, esos restos sintomáticos, de los cuales habla Freud al final del análisis y que lo conducen precisamente a pensar que el análisis no tiene fin, en razón de lo que subsiste del síntoma. Y bien, la segunda clínica psicoanalítica es precisamente aquella que reconfigura el concepto del síntoma sobre el modelo de estos restos. Y es de este modo que lo que Lacan llamó el sinthoma, con la ortografía antigua que restituyó – s.i.n.t.h.o.m.a. -, el sinthoma es propiamente el nombre de lo incurable.
Cundo hablamos de síntoma entendemos por ello, en psicoanálisis, un elemento que puede disolverse, o pasible de desaparecer, de levantarse, en tanto que sinthoma designa este elemento en tanto que no puede desaparecer, que es constante. Dicho de otro modo, la llamada nueva clínica psicoanalítica es una teoría de lo incurable, Entonces !qué ironía ! el hacer soportar a esta teoría de lo incurable una práctica completamente orientada hacia la terapia y de hacer de esta terapia un slogan. Mientras que, al mismo tiempo, Lacan podía plantear este límite. Imposible tarapeutizar el psiquismo, y que, si hay que calificar la acción del analista en esta dimensión de psiquismo, o de mental, si hay que calificar su acción, es con otras coordenadas que las de la terapéutica. La noción de esta imposibilidad se desprende lógicamente del hecho que es impensable reparar el defecto profundo del psiquismo, reducir la inadecuación radical – aunque lo admitimos sin duda, pero no hago valer aquí sino una relación lógica.
Sin embargo, hoy está en camino de enraizarse en el psicoanálisis una rutina del uso, como se expresaba Lacan, haciendo del efecto terapéutico el alfa y el omega de la disciplina, e incluso su justificación.
Es esto lo que me impidió quedarme en el puerto, es esto lo que me obliga a relanzar nuestro barco, porque dar este centralismo a la acción terapéutica no es más que ceder a lo que el mundo reclama de ahora en mas del psicoanálisis, para sus fines propios, para sus fines de utilidad, para sus fines de gobernar. Es ceder, es abrir las puertas de la ciudadela psicoanalítica, y dejar este prejuicio extenderse en ella. El prejuicio terapéutico es el caballo de Troya, por el cual penetra, en lo que yo llamaba la ciudadela analítica, la Escuela analítica, el Campo freudiano, el discurso que prevalece en el mundo. Creemos salir del entre nosotros, como decimos, cuando en verdad hacemos entrar el afuera – no salimos, hacemos entrar. Y el caballo de Troya es la figura mítica del regalo envenenado.
La inversión que Lacan aportó en el psicoanálisis consistió por el contrario en constituir el psicoanálisis puro, aquel que se llamaba antiguamente el psicoanálisis didáctico, aquel que hace del analizante un analista, incluso en potencia, constituir el psicoanálisis puro como la forma perfecta del psicoanálisis, su forma acabada. Por el contrario, forma restringida, forma reducida, que el psicoanálisis a secas, aquel que interfiere la preocupación terapéutica, con lo que Lacan llama, en la página 231 de los Escritos, los cortocircuitos y los temperamentos que motiva la preocupación terapéutica.
La preocupación terapéutica conduce a retener la potencia que se desprende del procedimiento analítico mismo, conduce a interrogarse sobre, si puedo decirlo, la dosis de verdad que un sujeto puede soportar en un momento dado, la dosis de verdad que puede asimilar – esto es siempre válido – pero también la dosis de verdad que es para él soportable sin una incomodidad excesiva o sin que lo que lo sostiene en el mundo se derrumbe, no amenace con derrumbarse. Por lo tanto, cuando la preocupación terapéutica domina, suspendemos lo que tiene de radical la operación analítica y esto conduce a impases, no dar la interpretación que en ese momento sería demasiado dura para escuchar o conduciría al sujeto a huir de lo que le sería allí revelado, o incluso a domesticar el filo de las cosas para que permanezca enmarcado en el procedimiento. Por lo tanto, no muy rápido, no muy fuerte, cuestión, yo lo decía, de dosificación. Y son estos frenos, estos límites lo que se suponen levantarse cuando uno se compromete en la dimensión de lo que llamábamos antiguamente didáctico, donde la preocupación terapéutica está apartada y donde la dinámica propia del análisis puede entonces darse a pleno.
Por lo tanto, la inversión de Lacan consistió en hacer del psicoanálisis puro no un agregado, un suplemento del psicoanálisis a secas en su preocupación terapéutica, sino por el contrario considerar que la esencia del psicoanálisis, su verdad, era el psicoanálisis puro, y que su forma aplicada era una reducción. En su « Acta de Fundación » de la Escuela freudiana de París en 1964, si Lacan hace su lugar al psicoanálisis aplicado, es a título de la medicina; en la Sección que intitula de psicoanálisis aplicado admite no analistas si son médicos, y si pueden sin embargo contribuir al avance de la reflexión psicoanalítica.
Entonces, invertir la inversión lacaniana, dar la primacía al psicoanálisis aplicado a la terapéutica, es simplemente regresar más acá de Lacan, y solo esto justificaría la expresión que he empleado, por primera vez, de un retorno a Lacan.
Hablaba hace un momento del regalo envenenado. Y bien, quisiera este año, con este Curso, hacerles el regalo de un antídoto.(risas)
Es un regalo. Segun Freud un verdadero regalo es un objeto del cual uno no se separa sino con dificultad, porque uno quisiera guardárselo. El verdadero regalo es aquel que va a marcarlos cuando lo hayan dado. Y eso se reconoce, es verdad, cuando se les hace un regalo cuyo donador no querría para sí mismo (risas) y cuando verdaderamente se les hace un regalo que sentimos que él se lo quedaría con gusto, por otra parte en esa ocasión les dicen: “He comprado lo mismo para mí” (risas). Pero en fin este antídoto del que hablaba podemos compartirlo Sí. No impide que yo haya sentido eso también, que después de todo, estando todos afectados, de todos modos podría serme placentero el guardar el antídoto para mí solo (risas). Lacan evoca esto al comienzo de su “Acerca de la causalidad psíquica » en los Escritos página 151. Confiesa esto: Yo me abandoné después de Fontenelle – bueno, dejemos a Fontenelle que vivió más de un siglo, que fue el presidente de la Academia de ciencias en el siglo XVIII, el autor de L’Entretien sur la pluralité des mondes -, Yo me abandoné después de Fontenelle, dice Lacan, a este fantasma de tener la mano llena de verdades para mejor cerrarla sobre ellas.
Puedo también confesar que he tenido este fantasma. Lo he tenido porque mi pregunta era - ¿seré escuchado? ¿puedo serlo aún? Cuando mis ojos vieron toda una Escuela y sus alrededores, varias Escuelas, quizá todas las Escuelas del Campo freudiano, poseídas, desde hace ahora tres años, me parece retroactivamente, poseídas por un frenesí de psicoanálisis aplicado e invirtiendo viendo quien lo hacía mejor que los otros, los preceptos de Lacan, que sin embargo yo había machacado a toda una generación, y toda esta generación los había machacado también a su vez. ¡Extraordinario fenómeno de psicología de las masas! de las masas psicoanalíticas. En toda la extensión del Campo freudiano, pluri continental, ya no hay una ciudad que no quiera tener también su establecimiento de psicoanálisis aplicado (risas), es una cuestión de standing. ¿Y para qué enseñar? Si hay algo que está bien hecho para demostrar cuán vana es la pedagogía, es esta historia.
No he podido no recordad la profecía de Lacan, formulada por él en un momento de pesimismo amargo, en el momento en que su Escuela mostraba su mala voluntad para adoptar lo que él proponía, el procedimiento llamado del pase para verificar el fin del análisis. En ese momento, Lacan, ¿cómo decirlo? un poco deprimido, había profetizado que el psicoanálisis rendiría las armas ante la civilización y sus impases. Yo no veía eso. Yo no veía esto así. En todo caso, allí donde he tenido que hacer algo, lo he hecho con la idea, que guardaríamos las armas, que no las rendiríamos. Incluso con los besos del vencedor, como en la Rendición de Breda de Velásquez. ¡Jamás!
Y bien, por una vía que no imaginaba, he visto esto realizándose. En el presente. He visto esta rendición realizándose, por esta inversión que yo decía hace un momento, por el prejuicio terapéutico, por la reducción del psicoanálisis al ejercicio profesional del psicoanalistas confundidos con los psi y los trabajadores sociales, presentados como orientados, todos, por la enseñanza de Lacan y, al mismo tiempo, todos, animados por la preocupación del bienestar de sus contemporáneos, de la salud mental de sus conciudadanos. Puesto que todo esto, por supuesto ocurre en nombre de la Ciudad; La ciudad que ya no hay. La Ciudad no existe desde hace mucho, la vida social no se organiza más en Ciudades como en el tiempo de los Griegos, como en el Medio Evo o como en el Renacimiento. Podemos decir la sociedad. Es en nombre de la sociedad, de su potencia, de los deberes que tenemos hacia ella, que maravillosamente, la orientación de la enseñanza de Lacan coincidiría, convergería, y nos serviría a nosotros de trampolín para recibir reconocimiento y, como se dice, sub-ven-ciones. Somos aplaudidos. Recibidos con los brazos abiertos, luego de algunos momentos de desconfianza, por las autoridades que presiden lo que Lacan llama con su rudo lenguaje, el discurso del amo.
Era necesario haber visto esto. Entonces, despierten (risas), porque está alrededor de ustedes y ustedes están adentro. No tengo la idea que basta que yo diga esto par que desaparezca. En absoluto. Pero en fin, tengo la idea de que al menos si no puedo impedirlo, puedo al menos impedir que se diga que proviene de Lacan (JAM enojado). Lacan no decía; partenaire del discurso del amo (con un tono cortante), decía; es el envés del psicoanálisis. Pero esto no detiene a nadie (con un tono disgustado). Es necesario que constate que esto no detuvo a nadie, antes que yo gritara, salvo el respeto que se me tiene..Lacan lo dice muy bien en la página 721 de los Escritos: Ningún pudor prevalece contra un efecto del nivel de la profesión. Es una frase que podría parecer opaca, si no se jugara en el presente. Ningún pudor, todo el mundo está en eso, sin ninguna disimulo, nadie tiene vergüenza de tocar los timbres, de seguir los programas gubernamentales de salud mental y de poner al trabajo a la gente que se forma en el análisis en función de requisitos formulados por el ministerio de salud. Ningún pudor, es un fenómeno del nivel de la profesión. Este efecto, dice Lacan, es – dice esto en 1971 creo, en fin hace mucho tiempo -, es el de enrolarse el practicante en los servicios donde la psicologización - es lo que podía decir en la época para el fenómeno -, donde la psicologización es una vía fuerte, propicia para esta suerte de exigencia bien especificada en lo social:¿ cómo rehusar hablar el lenguaje de aquello de lo que se es soporte? Entonces, esto se dice alegremente estos tiempos en una fórmula que - creo -, que me toman prestada: hablar la lengua del Otro. Hay que hablar la lengua del Otro.
Y bien ! esto hace ver más bien porqué Lacan había forjado, para los psicoanalistas una lengua especial, una lengua cifrada, no la lengua del Otro sino la lengua del uno, y que aislaba a los psicoanalistas. ¡Sí! perfectamente (JAM levanta la voz), los psicoanalistas necesitan estar aislados, necesitan estar aislados del discurso del amo que prevalece en el exterior de su Escuela, Necesitan estar formados en una lengua especial. Y a parte. Necesitan un enclave. Lo que Lacan llamó una Escuela, es un enclave (con un tono guerrero), esto tiene leyes propias, distintas del resto de la sociedad –evidentemente, para subsistir, nos acomodamos a una ley de las asociaciones (con un tono más calmo), que es lo suficientemente liberal para permitirnos continuar nuestros pequeños asuntos en el interior. Lacan por otra parte refiere el nombre de Escuela a las escuelas antiguas, a esas comunidades filosóficas de la Antigüedad reunidas en torno de un saber y en general de un fundador, donde los primeros miembros se ligaron a este fundador, se formaron con él. Es lo que se dice de Epicuro. Primero entusiasmó a su propia familia antes de aglomerar a algunos en torno de él. Finalmente distinguimos cuatro grandes hombres como fundadores de la secta epicúrea. Se decía de manera consagrada: Epicuro y los otros. Esto designaba a los cuatro. ¡Una secta! Perfectamente. Una secta. Y esas escuelas antiguas eran concebidas, Lacan lo recordaba, como refugios y base de operaciones contra el malestar en la civilización, es decir como enclaves. Un enclave, sin embargo no es extraterritorial. Porque es un enclave hecho para hacer salidas al exterior. Pero la condición para poder hacer salidas al exterior, es que no dejamos entrar el caballo de Troya. Evidentemente entre salir y hacer entrar, la diferencia es radical, pero al mismo tiempo es ínfima. Y si dejamos entrar, y bien tenemos una disolución del lenguaje y de los ideales de la escuela, es lo que observamos todos los días en el presente; una disolución progresiva del lenguaje lacaniano en beneficio de la supuesta lengua del Otro. Lean con esta clave ahora las publicaciones que se producen y verán esto desplegarse a gusto.
Hablaba de lo mas saliente, que era el prejuicio terapéutico, podría también hablar del culto del crecimiento, un siempre más, que parece ir de suyo, que hay que crecer y que lo pequeño, lo limitado, está allí completamente en desuso.
Entonces, la consecuencia yo diría más manifiesta y para mí la mas lamentable de la infiltración del discurso del amo en la ciudadela del discurso analítico, es el llamado, llamado implícito, la aspiración, a el “al menos uno”. Es decir que en definitiva el hecho que el discurso del amo se infiltre en el discurso analítico tiene como resultado, no inmediato, un poco diferido, de hacer surgir Uno que dice no (JAM golpea con el puño), el famoso, Existe x tal que no fi de x, aquel que no marcha en el plan. Y es así que me encontré, yo, aspirado para hacer ese guiñol, mientras que puedo decir y probar que es un papel que precisamente hice todo por abandonar. Más bien hice el papel del al menos uno, el al menos uno menos uno, en dedicarme a trabajos de escritura y sobre todo a abandonar todo cargo administrativo y de dirección. Debo constatar que he sido conducido, hace poco, a re endosar estos viejos hábitos abandonados. Puedo aún preguntarme porqué: ¿por que no dejar ir esto hacia donde va? ¿Por qué interferir? Es Pascal quien lo dice: Cuando todos van hacia el desborde, nadie parece ir allí. Aquel que se detiene hace notar como son llevados los otros, como un punto fijo. Hubo algo de este efecto, porque lo que digo allí lo dije más amablemente en un congreso reciente, y esto desplazó un poquito las cosas. Un poquito. No detuvo nada en absoluto, esto continúa desbordándose por todos los costados y por todas partes. Pero en fin sentí de todos modos una pequeña vacilación. Y en el fondo me dije: Vamos, tratemos, en este pequeño espacio que me es dejado en este Curso, al menos que sirva para esto, tratemos de cavar un poco ese surco.
Pero no es mi idea. Porque no era la idea de Lacan. La idea de Lacan, es manifiesta en el hecho de que el analizante del psicoanálisis perfecto, el analizante consagrado por la prueba del pase como habiendo acabado auténticamente su recorrido analítico o al menos habiéndolo llevado suficientemente lejos para proseguir solo, es decir por el auto análisis, este analizante, lo llamó Analista de la Escuela, y el entendía, en el fondo llamándolo con este nombre, que el Analista de la Escuela, producto de la practica analítica en vigencia en esta Escuela, sería responsable de la escuela, co - responsable de la escuela. Esto no marchó muy bien en la Escuela freudiana de París que era la Escuela de Lacan, fue trabado de mil maneras, y los pocos que habían sido nombrados Analistas de la Escuela son, la mayoría, quizá todos, desconsiderados en el momento de la disolución de la Escuela freudiana en 1980-81. Pero la experiencia fue retomada en la Escuela de la Causa freudiana: el fenómeno presente, a mi parecer, obliga a poner de manifiesto una constatación de fracaso.
Ni uno se levantó contra la inversión de la inversión. En fin, ni uno, hubo algunas inquietudes, algunas alertas, dadas por muy poco. Por lo tanto corrijo gustosamente mi diagnóstico. Y lo corrijo tanto más cuanto que de hecho, la Escuela de la Causa freudiana, hay que decirlo, prescinde muy ampliamente de los Analistas de la Escuela. Es decir, los utiliza, en su frescura, para hablar de su propio análisis y de su propio pase, en el impulso de su pase, y consideran que al final de tres años ya perdió frescura. (risas) El título es temporario. No se lo reprocho a nadie porque es muy posible y es incluso muy probable e incluso casi seguro y es así por otra parte (risas) que yo dije que tenía la idea. Dije tener la idea hace mucho tiempo constatando la falla de los precedentes. Por lo tanto propuse que los nuevos, se los tome en su frescura. Pero, en vista del fenómeno presente, me parece que el hecho de que se llame al mayor número ex AE, en definitiva los exime de su responsabilidad, en tanto que los necesitaríamos, no simplemente para narrar su pase, sino para centrar los impases de la civilización, donde la civilización, el movimiento del mundo arrastra al psicoanálisis. Entonces, quizá sería necesario restablecer, en las Escuelas del campo freudiano, una comunidad de los AE, donde los ex AE reencontrarían su título de AE, habría los AE en vigencia, y habría, como lo previó Lacan, los analistas de AE también. El restablecimiento de una tal comunidad, o forjar una tal comunidad, sería quizá la última oportunidad para darle a la idea de Lacan. Podemos soñar que tal comunidad podría jugar el papel de brújula, sin que tengamos necesidad de recurrir al teatro del al menos uno. Esto me parecería algo aliviador y tambien dejaría un porvenir. Esto servirá quizás de nada, pero en fin dejaría una oportunidad, si su misión es velar para que el psicoanálisis aplicado a la terapéutica ceda el paso al psicoanálisis puro.
Bueno, me dejo llevar – no demasiado, un poquito -, esto me ayuda a hacer este Curso.
Puro y aplicado, es de todos modos una distinción que es problemática, y entiendo, este año, cuestionarla.
Comenzaría por inspirarme en un texto que encontré y que me enseñó cosas sobre la distinción puras y aplicadas en las matemáticas.
Es una problemática, parece, que no emergió sino tardíamente, la oposición de las matemáticas puras y de las matemáticas aplicadas. Emergió, parece, en la segunda parte del siglo XIX, en el momento en que el centro mundial, el hogar del pensamiento matemático se desplazó de Paris a Berlín, y, en el impulso, a Gottingen con la escuela de Hilbert. Mientras que, en efecto – esto pone en orden cosas que yo sabía por otra parte -, en el siglo XVI, en el siglo XVII o en el siglo XVIII, los matemáticos no hacían esta distinción por lo tanto se ocupaban sin hacer jerarquía, también de cuestiones que se considerarían hoy como fundamentales como cuestiones de artillería, de fortificación, de agrimensura, de astronomía, de cartografía, de navegación, en el siglo XIX de probabilidades, de representaciones. Y en el fondo fue con Hilbert, culminando en su famoso programa de 1902, que tomó la delantera la concepción axiomática y estructural de las matemáticas.
Entonces, esto no puede sernos indiferente puesto que esta escuela de Hilbert, que extrajo el concepto axiomático y estructural de las matemáticas, inspiró y fue radicalizado por la escuela bourbakista, por Bourbaki, luego de la segunda guerra mundial, aquí, en París, en Francia, y hay evidentemente una consonancia entre el estructuralismo matemático de Bourbaki y la inspiración levistrausiana que Lacan recibió y que transpuso en psicoanálisis. Un historiador americano habla, a propósito de Bourbaki, de una ola de pureza que recubrió el ejercicio profesional de los matemáticos. Y Jean Dieudonné, uno de los grande boubakistas, calificaba lo que llamaba la elección boubaquica – q.u.i.c.a – es asi como se expresa, deciento: Cuanto más abstracta es una teoría, más elimina lo concreto y lo contingente, y más puede alimentar la intuición. En el fondo, cuando más abstracta, mas, en definitiva, se podrá utilizarla en lo concreto, se podrá llenarla de contenidos empíricos. Entonces, voy a citarles un pasaje de un artículo célebre desde el punto de vista bourbakista, un artículo que se llama “La arquitectura de las matemáticas” y que figura en un volumen aparecido después de la guerra. Es un artículo que he leído – es un dato biográfico-, es un artículo que he leído en el volumen que poseía Lacan, El leyó este articulo. Esto es lo que encontramos allí, verdaderamente vemos que Levi-Strauss es muy cercano. En la concepción axiomática, dice este artículo, la matemática, aparece en suma como un reservorio de formas abstractas, las estructuras matemáticas; y ocurre – sin que sepamos bien porqué – que algunos aspectos de la realidad experimental vienen a moldearse en algunas de estas formas, como por una suerte de preadaptación. En el fondo, este es el nudo de la inspiración estructuralista, y es en esto que los boubakistas se apoyaron para extraer la noción de matemática pura, es decir estructural.
Ahora, observamos, en el movimiento propio de las matemáticas, una báscula, que llevó y que lleva en nuestros días, a que las aplicaciones de la matemática tomen más importancia que sus formas puras. – en todo caso mas importancia que antes. Les cito el texto de una epistemóloga que no conozco más que por este texto. Dahan Dalmedico: En Francia – toma como referencia 1987 , en Francia, el coloquio realizado en 1987 sobre las “Matemáticas por venir » es significativo este giro; los matemáticos de todos los horizonte, reunidos defienden a la vez una ambición histórica de su disciplina par comprender el mundo y sus innumerables posibilidades de aplicaciones que los medios nuevos de cálculo han multiplicado. Ellos presentan una semi autocrítica sobre el carácter demasiando formalista y abstracto, separado de las otras ciencias y de la práctica, que pudo tener su enseñanza, en particular después de la reforma de las « matemáticas modernas ». Y la conclusión es esta, que, para nosotros en contacto con lo que yo llamaba el fenómeno presente, está hecho para resonar, y nos muestra que el psicoanálisis es llevado hoy por un movimiento al que los matemáticos no escapan, es decir que esto no es una anécdota: es un movimiento de fondo. Esto me ha parecido impactante. Las representaciones ideológicas de la disciplina por sus actores dejan lugar – dice – a otras representaciones que ellas mismas privilegian otros valores: los lazos con el poder, la capacidad para obtener contratos (risas) o suscitar interacciones, el dinamismo empresario el carácter pragmático y operacional de los resultados. No es aun seguro que todas estas personas considerarán largo tiempo que hacen el mismo oficio. Este es el fenómeno que habita el movimiento de las matemáticas, el moviendo interno de las matemáticas que es alejarse de la prevalecía de las matemáticas puras para valorizar las aplicaciones de las matemáticas y, con estas aplicaciones, las relaciones con el poder, los contratos, las empresas, el carácter pragmático y operaciones de los resultados.
Creeríamos que se describe aquí lo que se produce hoy en el Campo freudiano. Y por lo tanto, una vez que pasen los gritos de indignación que he sacrificado – lo que va bien con el papel del al menos uno -, podemos constatar que estamos en contacto con el movimiento del mundo y que el psicoanálisis también sufrió la incidencia de ello. ¿Y en el fondo cómo podría ser de otro modo?
Entonces, los psicoanalistas, como los matemáticos, no sacrifican el primum vivere : primero sobrevivir, y el primero sobrevivir implica una adaptación al contexto. Pero – es la otra rama lo que constituye la alternativa – digamos, para quedarnos en latín, la advertencia de Juvenal: et propter vitam vivendi perdere causas – y para salvar la vida perder las razones de vivir. Y por lo tanto estamos entre conservar el primum vivere, que es la condición de todo, y al mismo tiempo, para esta sobrevida, no sacrificar la razón de ser del psicoanálisis.
Ahora, no me parece excesivo decir que el psicoanálisis puede morir por su complacencia con respecto al discurso del amo.
El discurso del amo supone una identificación del sujeto por un significante. amo:

Este significante amo, puede tomar el valor de ser la cifra, condición de la evaluación, es también la explicación, y es también la categorización. No se conocerá sujeto más que en tanto estará afectado por una categoría, el niño, el adulto, el viejo, por ejemplo, categorías que reparten a la población, y por lo tanto no es el sujeto al que conoceremos, conoceremos un ejemplar de la categoría.
De este modo, el discurso del amo produce un cierto número de categorías y de categorías clínicas. Cuando formulamos. La obesidad es el mal del siglo después de haber formulado La depresión es el mal del siglo – está puesto en juego sucesivamente-, tenemos una clínica del amo en la que estamos evidentemente obligados a alinearnos. Somos llevados a validar estas categorías aportando refuerzos con lo que nosotros, con las reservas o con el saber que nosotros hemos acumulado por otra parte. Hay que decir, este funcionamiento está en vías de darse a pleno. El discurso del amo, especialmente en Europa pero también en los Estados Unidos, es actualmente pródigo en una nueva clínica, una clínica de significantes amo, que nuestros colegas italianos llaman gentilmente monosintomáticos. Para decir que se trata de una clínica organizada por significantes amo.
Sobre la base de estos significantes amo se pone al trabajo el saber, S2:

En particular se pone al trabajo el saber del psicoanálisis, que está allí en posición de esclavo, inscripto en la estructura del discurso del amo. No son abstracciones, son verdaderamente estructuras significantes, en efecto, donde no tenemos dificultad en encontrar el contenido empírico que se nos presenta todos los días y que se ostenta.
El problema, es que hay un elemento en todo caso que queda allí inasimilable, es el factor que tiene virtualmente la posibilidad de desreglar el conjunto, pero se encuentra en el fondo rechazado por este discurso:

Mientras que es precisamente este elemento: a, inasimilable, que ocupa el primer puesto en el discurso del analista que funciona con un saber inexplicable: S2, es decir un saber que no puede encontrar su lugar en el funcionamiento del discurso del amo que exige por el contrario la explicitación y la transparencia. Y el sujeto en función en el discurso del analista: $, es un sujeto que no está allí capturado en tanto que portaría rasgos, en tanto que portaría significantes amo. Esos significantes amo: S1, por el contrario, son rechazados y por el solo hecho de comprometerse en la experiencia analítica, podemos decir que el sujeto está virtualmente despojado de ellos:

Por lo tanto, no es en tanto que ejemplar de una categoría de la población que se hace un análisis. Y cuando uno va a establecimientos que están orgullosamente bautizados con esos significantes amo: Vengo como SDF, vengo como precario, vengo como niño, vengo como obeso, vengo como etc., ya al admitir eso, estamos en el costado del discurso analítico. Entonces, podemos ciertamente introducir una dialéctica, y decir: primero es necesario que el sujeto admita sus significantes amo para poder desembarazarse de ello – el lenguaje permite aquí todos los giros de prestidigitación. No obstante esas estructuras son la inversa una de otra.

Y lo que Lacan llamó el revés del psicoanálisis es el discurso del amo. No se puede servir a dos amos a la vez. No se puede servir al discurso analítico y al discurso del amo al mismo tiempo. Se puede servir al discurso analítico y, en un acercamiento de doble verdad, hacer valer, en el discurso del amo, que no seremos la completa subversión. El problema es que la máscara que llevamos sobre el rostro, termina por incrustarse, y cuando se incrusta, la diferencia se desdibuja.
Entonces, es cierto que el peligro de los efectos terapéuticos rápidos es que hacemos funcionar – ¿cómo decirlo de otro modo ? hacemos funciona un significante como significante amo para el sujeto (JAM subraya S1 en el discurso del amo), para permitirle referirse, por lo tanto lo identificamos – lo que hacemos también en el discurso analítico pero con el tiempo para que eso se deshaga -, obtenemos un efecto terapéutico rápido por la elección rápida de un significante amo susceptible de fijar al sujeto. Y obtenemos un cierto ordenamiento de esas cadenas significantes a partir de ese significante amo. Y prestamos atención a no tratar el factor suplementario, el factor pequeño a (JAM apunta el a del discurso del amo)
Por lo tanto no podemos obtener efecto terapéutico rápido sin hacer referencia al discurso del amo, aunque más no fuera por el hecho de que allí focalizamos sobre el síntoma que es exactamente la inversa de lo que habitualmente hacemos en un psicoanálisis propiamente dicho..
Volveré a esto. Doy aquí lo que será la problemática que querría seguir este año.
Diré un palabra ahora sobre el título que he elegido y que anuncié al comenzar, que no es en absoluto atronador como lo que profeso hasta el presente, puesto que he dicho – había un cierto número de retardatarios que sin duda pensaban estar a la hora de mi retraso (risas) -, anuncié Cosas de finura en psicoanálisis. No espero en absoluto hacer esto groseramente. Finura, es la palabra que emplea Freud en un texto que quería comentar un poco, no tendré tiempo de hacerlo hoy, « Die Feinheit… », “La finura de un acto fallido”, es un pequeño texto donde deshace, deconstruye un acto fallido consistente en un lapsus calami, y dice la finura. Pero no dije die Feinheit, dije cosas de finura, pensando en Pascal y en su oposición del espíritu de geometría y el espíritu de finura.
Lo cito, es el primer pensamiento de Pascal en la edición Brunschvicg y ka 512 ava en la edición Lafuma: Lo que hace, pues, que ciertos espíritus finos no sean geómetras – lo digo enseguida: cito este pasaje porque pone de relieve lo que hay que llamar el desfallecimiento del matema, es Pascal matemático quien como se sabe, lo adivina, es lo que no es satisfecho por la estructura -, : Lo que hace, pues, que ciertos espíritus finos no sean geómetras entonces tomamos aquí geómetras como matemáticos. Lo que hace, pues, que ciertos espíritus finos no sean geómetras es que no ven lo que tienen delante, y que acostumbrados a los principios perfilados y globales de la geometría, y a no razonar sino después de haber visto bien y manejado sus principios, se pierden en las cosas de finura, en que los principios no se dejan manejar de esta suerte. No se ven apenas, se sienten más que se ven; cuesta infinitos trabajos hacerlos sentir a quienes no los sienten por sí mismos; son cosas tan delicadas y numerosas, que es menester un sentido muy delicado y agudo para sentirlas, y juzgar derecha y justamente de acuerdo con este sentimiento, sin que las más de las veces sea posible demostrarlas por orden como en geometría, porque no es así como se poseen los principios de ella, y sería una faena infinita el intentarlo. Es preciso ver súbitamente la cosa en un solo golpe de vista, y no con un razonamiento progresivo, por lo menos en una cierta medida. Y acontece raramente, por esto, que los geómetras sean finos y que los finos sean geómetras, debido a que los geómetras quieren tratar geométricamente estas cosas finas, y resultan ridículos intentando comenzar con definiciones siguiendo por los principios, cosa improcedente en esta suerte de razonamientos.
Y bien, es una manera para nosotros de evocar allí donde desfallece el matema.
Lacan, en el fondo, fue un bourbakista, como todos los estructuralistas, y su enseñanza comenzó, ustedes lo saben, por la primacía de lo simbólico. Es decir, primeramente, por un rechazo de lo real, en el sentido en que la cuestión de lo real no será planteada. Mientras que, en segundo lugar, lo imaginario aparecía como relevado por lo simbólico, en el sentido de la Aufhebung hegeliana, relevado, superado por lo simbólico, y es lo que Lacan llamo, con un término que he subrayado, significantización. Lo que supone que la representación digamos imaginaria, el término imaginario, esté barrado, anulado, incluso mortificado para ser elevado al rango de significante. Y he mostrado que todos los comienzos de la enseñanza de Lacan consisten en significantizar los términos aun imaginarios en los cuales organizábamos la experiencia analítica.

Precisamente, si lo real vino en primer plano de la última enseñanza de Lacan, es en tanto que es lo que no puede ser relevado por lo simbólico, lo que no puede conocer esta Aufhebung, esta significantización, y que permanece inasimilable.
De donde una ruptura entre simbólico y real, que condujo a Lacan a reintroducir lo imaginario como tercero, como el término que los anuda:

Es lo que lo ha conducido, sino a reencontrar, al menos a utilizar, de manera prevalente, el nudo borromeo. En todo caso es lo que yo sostengo este año, que el punto de partida del nudo borromeo, es la ruptura, la fractura, entre simbólico y real, y lo imaginario tiene como función anudarlos. De allí el llamado al nudo borromeo donde, por supuesto, los tres elementos están objetivamente en la misma posición unos con respecto a los otros.
Que lo real sea inasimilable hace que siempre sea introducido por un no – n.o.-, es una positividad que no puede ser abordada más que por el negativo, en todo caso en tanto que depende de lo simbólico, es decir en su cara de imposible Es necesario que haya una articulación simbólica para que podamos decir: Algo es imposible. En un mundo donde la articulación significante falla, todo es posible. Podemos hacerlo valer comparando la imagen del mundo mágico del renacimiento con la trasformación que esta imagen sufre cuando el discurso de la ciencia viene a imponer su grilla. Con la ciencia comienza lo imposible, y antes tenemos un mundo por el contrario donde todo es posible, especialmente en el Renacimiento donde el cosmos de la edad media ya se había resquebrajado.
Por lo tanto tenemos, en una vertiente, lo real depende de lo simbólico. Pero, en otra, y es lo que Lacan deja percibir -, es la autonomía de lo real. Y su muy última enseñanza está desgarrada entre dos posiciones: la de una autonomía de lo real que trata de animar, y del otro lado, el apresamiento de lo real entre simbólico e imaginario.
Esta cuestión abstracta se encarna en el problema que plantea desde entonces el estatuto del psicoanalista: ¿el analista tiene un estatuto a nivel de lo real? Que lo tenga en lo imaginario, es muy claro, que lo tenga en lo simbólico, basta para situarlo su función de receptor y de quien puntúa, pero ¿hay un estatuto del analista en lo real?
Lacan, en su última enseñanza, no dudaba en proceder a una degradación sociológica del análisis y a dibujar al mismo tiempo su salvación planteando la pregunta, lo cito – cito un escrito de Lacan, el último de los Otros escritos, la formulación brutal solo es más valiosa por saber que está calibrada exactamente con la pluma en la mano: ¿Hay casos donde otra razón los empuja a ser analista que instalarse, es decir recibir lo que llamamos corrientemente la pasta?(risas) Es mirar de frente que el psicoanálisis, en efecto, es una profesión. Hay un nivel, en el psicoanálisis, que es el nivel de la profesión. Y es a este título que Lacan quiso someter la profesión a la prueba de la verdad. Es lo que llamó el pase. Eso consiste en poner la profesión a la prueba de la verdad sabiendo que la vedad es un espejismo, es decir que no puede sino mentir sobre lo real, que no hay adecuación de la palabra y lo real. Entonces, ¿hay casos donde hay otra razón que los empuja a ser analista que recibir plata? Bien, hay. Yo por ejemplo, yo recibo plata, es verdad, pero he sido el primer sorprendido, porque en el fondo lo que me llevó a ser analista es estrictamente lo que hago ahora, lo que me llevó a ser analista es no ceder. Me volví analista estrictamente determinado por la adversidad, los que conocieron conmigo la época de la disolución de la Escuela freudiana saben lo que quiero decir. No pensé abrazar esta carrera y dedicarme a esta profesión antes de encontrar a aquellos que no querían en absoluto, he! que yo entrara, (risas) Y es por un decir que no como entré allí. Por lo tanto no es sorprendente que finalmente en alguna parte debo tener el jubilo de ser aún hoy el que dice que no. Es un ejemplo.
En todo caso hay otra razón además de la de recibir plata que me empujó a ser analista. Y no soy el único, hay otros que tuvieron su manera de deslizarse allí. Y por lo tanto se trata de saber lo que eso debe a lo simbólico, a lo imaginario y a lo real.
Por lo tanto, lo que quisiera este año, bajo el título de Cosas de finura en psicoanálisis, es examinar, para decirlo de modo kantiano, el psicoanálisis desde el punto de vista pragmático, es decir lo que el psicoanálisis hizo de sí mismo, o puede hacer de sí mismo, parafraseo aquí a Kant en esta fórmula. Y entiendo examinar esto con la ayuda del agujero que hay entre estructura y contingencia.
Hay un agujero entre los conceptos fundamentales del psicoanálisis organizados como estructura, y de los cuales da una idea estos matemas en el pizarrón – he constatado con pesar que continuaban hablando entre nosotros de setting en tanto que Lacan dice discurso, el setting es un concepto barroco que mezcla a la vez datos de estructura y luego datos secundarios como el emplazamiento, el número de entrevistas, etc, no se trata de setting se trata del discurso analítico-, por lo tanto esta es la noción de una estructura, y hay un agujero con lo que es contingente.
Lo que es contingente está separado del concepto – forma parte del concepto de la contingencia.
Un caso particular, no es un caso de una regla, no es el ejemplar de un universal, no es la ejemplificación de lo general. Y la pragmática es precisamente la disciplina que intenta encontrar la regla a partir de un caso particular, es decir que toma en el fondo el caso particular siempre como una excepción a la regla. A partir de allí, el caso particular es una cosa de finura, que debemos abordar con lo que Pascal llamaba el espíritu de finura y que Kant llamaba, en su lenguaje menos elegante, un juicio que reflexiona.
Es allí, es en ese hiato donde se desliza esta práctica mal ubicada que llamamos control, El control es lo que se supone tapona la hiancia entre estructura y contingencia. Y me gustaría que pudiéramos decir sobre el control – palabra de la que a veces se hace un uso abusivo -, me gustaría que pudiera decirse sobre el control cosas mejor estructuradas si puedo decirlo.
Y luego, en la misma línea, se plantea la cuestión de la educación del psicoanalista.
Prefiero aun decir educacón antes que formación. Esto deja ver mejor lo exorbitante del tema, porque si hay un dominio donde la pedagogía no puede mucho, no puede nada como lo decía hace un momento, es este. Y por lo tanto hay que saber aquí lo que el analista debe a su análisis, lo que el analista debe a su experiencia de pacientes y bajo qué forma, y lo que podría deber a otras disciplinas.
Existe también lo que invalida la pedagogía en psicoanálisis, es que el saber se paga, es decir se adquiere a expensas del sujeto. La transmisión según la imagen de los vasos comunicantes no da cuenta de este pago. Pero eso se paga. Y el saber que se puede adquirir en el análisis mismo se paga. He jugado sin duda yo mismo con demasiada ligereza. Pero yo pensaba, que eso debería estar en una muy pequeña superficie, a título experimental – he jugado con un dato sin embargo constante y radical de la experiencia analítica, la gratuidad, he jugado a sustraer el dato del dinero. Y lo que he descrito cmo el fenómeno presente se debe sin duda en amplia medida a la sustracción de este elemento. El dinero no es solo la pasta, como decía Lacan, destinada a proveer a las necesidades del interesado y de su familia, es aún un elemento que tiene la propiedad de matar todas las significaciones y que opera por sí mismo una acción de límite. El siempre más que he señalado hace un momento, está evidentemente articulado, esta vez, no a la adquisición del dinero, sino al abismo que su desaparición arrastra, ese llamado sin límite de una demanda a la cual no sabemos sustraernos.
En fin, pragmática. Digo también pragmática porque el saber hacer tiende, en el psicoanálisis a suplantar el saber, la pragmática tiende a suplantar lo epistémico. Hay que reconocer a la vez este movimiento en lo que lo funda y al mismo tiempo ajustarlo. Es lo que querría tratar este año en lo que es en el fondo un ejercicio de anticipación: ¿A dónde va el psicoanálisis? Si seguimos las indicaciones del tiempo presente:; ¿A donde va el psicoanálisis? Y según nosotros ¿A dónde debe ir? Suponiendo que él pueda. Hasta la semana que viene. (aplausos)


Traductora: Silvia Baudini

La reddition de Breda, ou Les Lances 1634-1635,  
Musée du Prado, Madrid
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